Va por ustedes.
Además de la impresión demoledora que nos han causado las noticias -con sus correspondientes imágenes- que hemos estado recibiendo, minuto a minuto, hora a hora, desde el pasado viernes (ya para siempre 11-M), además del horror ante los devastadores efectos de un simple bostezo de la Naturaleza (quizás estaría mejor muerta, so pena de los ecologistas), además del comprensible sentimiento de piedad que nos están causando todos esos rostros abducidos por la sorpresa (la vida no está clara ni siquiera en el Japón), además de todo eso ... no podemos por menos que comparar.
Y yo me comparo, y os comparo a vosotros: occidentales, africanos, medioorientales, hindús, tirios y troyanos ..., blancos, negros, verdes ... y los otros amarillos. Y no llego, no llegamos ninguno.
Pena y dolor, sí. Pero firmeza y dignidad también. Rostros que nos resultan inexpresivos pero que desprenden un conocimiento exacto de cuál es su sitio y qué es lo que hay que hacer.
Miedo, cómo no, pero no pánico desordenado, no pasar por encima del vecino para salvar el pellejo. Serios, sí. Cabales en lo que toca.
¿Fukushima y sus 50 héroes?, ya se verá. Pero, ¿saqueos? (aún hablamos del apagón de Nueva York), ninguno. Y esa es una lección que nos dan.
Por todo eso, por lo que me han impresionado, prometo no esbozar nunca más una sonrisa conmiserativa y burlona ante esos grupos de gafitas y cámaras al cuello, y, por todo eso, vaya por ustedes mi pequeña plegaria y mi raquítico homenaje.
あなたのために行く
Zustsu Anatachi!

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