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viernes, 20 de mayo de 2011

EL ECO DE LA FAMA

Lo sé, es una frase hecha, pero encaja sola. No lo esperaba pero así son las musas (perdón, las Musas), es decir, las musas con mayúscula, las Musas. Nos contemplan desde cualquier balcón del Olimpo y, de repente, ni las ves ni las puedes sentir pero…, aquí está una de ellas, no sé si de las nueve mayores, pero digo que el común muy-común de los mortales tendremos asignada alguna…, creo.

Y si de ecos (Ecos) hablábamos ayer (Fray Luis de León también) hoy me encuentro en esas horas del mediodía en que suelo estar solo en casa (1,2 y ciento) e, inevitablemente, pongo la tele…, y ahí está Fama, la película, con Irene Cara, con Leroy, con el portorriqueño (mi favorito), con el pelirrojo homosexual (mi canción favorita), con el antipático Bruno y su simpático padre, y con Shorofsky (no hace falta que lo miréis, ya lo he hecho yo, se escribe así), con la rubita de coletas y con su madre, con la profesora de literatura y con la de danza, y con el de teatro y, sobre todo, con esas emocionantes escenas iniciales en las que se describía lo que parecía o debía ser el proceso de selección... a la búsqueda de la fama. 

El resto es una película, pero hasta allí un enorme título: la fama, el éxito, el futuro…, la vida, mi vida…, ¿qué tal me irá?, ¿dónde pararé yo?, ¿dónde pararán mis hijos?, su vida…

Su vida…, ¿dónde pararán mis hijos?, ¿qué tal les irá?, ¿cómo será su vida?, ¿tendrán pareja?, ¿será buena con ellos?, ¿serán ellos buenos?, ¿se esforzarán por merecer algo?, ¿merecerán lo que consigan?..., ¿vivirán?, ¿cómo será su mundo?, ¿tendrá algo que ver con el nuestro?

Yo me creo que no, que no encajaríamos en lo que está por venir, que el futuro es de ellos, pero sólo de ellos, que nuestro tiempo ya pasó. Lamento estar tan plasta, pero soy así, qué le voy a hacer (ya lo dijo Micky sin los Tonys), tengo esos días en los que todo me sabe lánguido y tristón. Deben de ser los ecos que me llegan, aunque sean ecos de Fama.

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