Me gusta jugar a las cartas y prefiero, en general, los juegos patrios de toda la vida, los de la baraja de Heraclio Fournier: as, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, sota, caballo y rey formando los equipos de oros, copas, espadas y bastos. Así que practico (practicaba) el guiñote (una suerte de tute aragonés, creo), el mus, el subastado, la brisca y cosas así.
Pero por encima de todos estos me gusta el Poker (póquer) y, de entre sus múltiples variedades, el Texas Holdem. Básicamente son dos cartas ocultas y tres a la vista que se van ampliando hasta cinco en diferentes rondas. Si sabéis de lo que hablo entenderéis que la mecánica del juego permite “echarse faroles” con más frecuencia que en otros juegos. Y esa es la esencia del juego: el farol. Por eso me gusta.
Y no soy el único. Sarkozy sabe de esto también. Brillante farol el de reconocer como representantes legítimos (¿legítimo no era lo mismo que legal?) del pueblo libio sin llevar cartas (sin encomendarse a nadie). Brillante si le sale, porque ha resultado que Gadafi era el último jugador de la mesa y ha encimado la apuesta para sorpresa del resto de jugadores. Y ahora el presidente de los gabachos (cada vez me gustan más) busca alguna carta para completar su jugada (la ONU, los árabes o cualquiera que pase por allí) para sostenerse en la partida. Sea como sea, la apuesta es atrevida, y el espectáculo emocionante (y algunas risas que yo me sé se van a escuchar hasta en La Meca). Pero es un farol no exento de elegancia.
Luego está el farol chapucero, el de echárselo por echárselo. El doméstico, el nuestro, el patrio …, cómo no. Y ante no sé qué apuesta rajoyana se destapa Zapatero como jugador chungo y grosero: “Desde 2003 hasta 2010 … incremento de renta per cápita … más que Francia … más que Inglaterra … estamos mejor que entonces ...”. Con casi cinco millones de parados (como el doble que en 2003) hay faroles que no se pueden echar.
Luego hay otro tipo de jugador, más despreciable si cabe que el farolero hispano-campeón. Se trata del ventajista, el que en un momento dado saca partido de alguna circunstancia ajena al propio juego: son los ecologistas de Fukushima, los antinucleares redivivos. Esos para otro día.

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