¡Alla Famiglia! Más o menos así es la exclamación italiana que resume y da fin a esa delicia de película que se tituló “Hechizo de Luna”. Nunca Cher estuvo más guapa y, justo es reconocerlo, nunca Nicolas Cage estuvo más guapo (¡esos del fondo…, basta de cuchicheos!).
La familia…, ¿qué cosa es la familia? Para los italianos un sentimiento, para el resto del mundo, incluidos nosotros (y en mayor o menos medida), un grupo de personas al que nos sentimos más o menos afines. Grupo que puede ser más o menos amplio (cada vez menos amplio) y, admitámoslo, más o menos interesante. Sí, la sangre lo es casi todo, pero a veces falla, y a veces no.
Pero, en todo caso, es un grupo vivo, y tiende a crecer. Unas veces por las cosas de la biología, otras (cada vez más) por las de la adopción y, al fin, otras por la de los adosados. ¿Que quiénes son los adosados? Pues los adoptados mayores de edad y por iniciativa propia: los cuñados.
Hay una gran variedad de literatura acerca de cuñados y, sobre todo, cuñadas, pero se ha hablado muy poco de una subcategoría dentro de lo comúnmente conocido como “cuñados”, son los “concuñados” (estos sí, estos son generalmente hombre, no me pregunte por qué). Yo tengo varios. Y variados. No les hablaré de ellos, sería necesaria una Enciclopedia Británica, una Biblia de los Cuñados y Concuñados para que pudieran entenderlos –y apreciarlos- en lo que valen. Demasiado trabajo para mí. Aunque hay muchas veces que se ponen insoportables, que los mataría, que renunciaría a todo parentesco con tal de alejarme de ellos. Sólo me detiene (y me paraliza) la idea cierta de que (¡créanselo!) yo también soy concuñado de mis concuñados por lo que quizás en algún momento (quizás en éste) puedan ellos estar escribiendo estas mismas líneas.
Así que ¡alla famiglia!, con lo que caiga. Claro que cuando hablamos de famiglias políticas la cosa adquiere matices a tener en cuenta. Pongámonos, por ejemplo, en el pellejo de un valenciano cualquiera que casado con Francisco Camps se encuentra de repente con un montón de cuñados, con Ricardo Costa a la cabeza. Habrá que comprenderle si, henchido de amor hacia su líder, decide mirar hacia otro lado (¡alla famiglia!), y habrá que comparecerle cuando se dé de frente con aquellos familiares con los que no contaba, con el sastre, con el bigotes…, es decir, con los concuñados. Están en todas partes.
(También podría hablar de la otra famiglia, la andaluza, la de Chaves. Pero es demasiado obvio incluso para mí. No me inspiran).

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