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viernes, 20 de mayo de 2011

ICONOS

Los infinitos gorros de Gadafi. 
Los broches de Elena Salgado (de tamaño creciente y con mensajes crípticos subliminales incluídos). 
Los cortes de pelo al estilo hacha de sílex de las mujeres batasunas (los romanos, evidentemente, no llegaron). 
Las corbatas de Caamaño. 
El tinte de pelo de Rajoy (¿qué hay de la barba?).
Los peluquines pintados con rotulador indeleble de Berlusconi y Mubarak. 
Las barbas del mismo material de José Manuel Parada y José Luis Uribarri. 
Un clásico para toda la vida: los pantalones de paramecios de hace unas cuantas temporadas de Jaime de Marichalar.

En fin, tantas cosas ...

Tendemos a creer que lo verdaderamente importante de la vida está en los grandes acontecimientos, las frases grandilocuentes o en las portadas de periódico especialmente conseguidas y olvidamos que la capacidad de asombro del ser humano empieza por las pequeñas cosas que nos rodean de contínuo, en las que apenas reparamos aunque no dejan de producirnos, como mínimo, una sonrisa.

Y esa sonrisa lo es casi todo. Es lo que nos diferencia del resto de animales.

Salvo del chimpancé, vaya por Dios.

(Agradecimientos al Servicio de Documentación MJS). 

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