En 1478 (el Quinquecento le decían) en Florencia, la gloriosa, la segunda cuna de nuestra civilización (no recuerdo cuál era la primera), se montó la mundial. Gobernaban , o así, los Médici -Lorenzo el Magnífico a la cabeza- y les odiaban cordialmente todos los demás, con los Pacci como representantes.
Pues que voy que vengo, que quito que pongo, que déjame a mí que quítate tú, hubo palos a mansalva durante un par de días. El caso es que la gente de la calle (lo que viene siendo el pueblo) no sabía muy bien a qué carta quedarse y lo mismo degollaba a un mediciano que descuartizaba a una paccino. Elegantes y renacentistas ellos, muy poco medioevos, nada bárbaros. Modernos al fin.
Así que no sé muy bien si a Gadafi lo van a crucificar o proponerle para nuevo santo varón -que diría Tip- para los altares de la actual vida política, moderna ella.
Sea como sea al final todo quedará en su sitio porque, todos lo sabemos, la historia la escriben los vencedores.
Menos aquí, en España.
En lo que queda de ella la historia la han escrito los vencidos.
Y con faltas de ortografía.

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