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viernes, 20 de mayo de 2011

ÉRASE UNA VEZ

Érase una vez un país llamado España. No la Iberia de la época  tartésica ni la Hispania romana, no, España. Con eñe.

No era el más grande ni el más pequeño, no era el más bonito ni el más feo, no era el más rico ni el más pobre, ni el más alegre, ni el más triste, ni el más nada. No era ni el mejor ni el peor, ni el de en medio, no era nada especial aunque sus propias leyendas afirmaban que como allí en ningún sitio, frase que no sé si es original o copiada de las respectivas idiosincrasias de todos los respectivos países del mundo pero que siempre se sintió como propia del lugar.

Estaba surcada ríos que iban a desaguar a los cuatro puntos cardinales ya que todos ellos iban a morir las olas del mar…, ríos con nombres que todos conocían. Lo atravesaban cordilleras de antiguos y respetados nombres, respetados por todos. Su historia era común, breve, apenas cinco siglos, pero común, con claroscuros, pero común. Sus ciudades portaban nombres con diferentes orígenes, orgullosas todas por poder contárselos a las demás, y respetuosas con lo que las demás tenían que contarles a ellas. Gentes distintas y gentes iguales…, se hacían llamar y se dejaban llamar españoles.

Pero si algo nos sostiene, tanto a las personas como a los países, es la memoria, la propia memoria de lo que somos y hemos sido. Sin eso desaparecemos, si no la cuidamos morimos.

¿Y qué memoria de sí mismo puede tener un país que, ante un hecho tan baladí como un partido de fútbol, ante algo tan simple como una final de Copa del Rey, decide que el mejor remedio para no escuchar problemas es que nos volvamos todos sordos? ¿Qué vergüenza de nosotros mismos podemos mantener si, para no oír los pitidos durante la interpretación del himno nacional, tenemos la luminaria de poner la megafonía del estadio a 120 decibelios? ¿En qué nos hemos convertido si no nos atrevemos a ver lo que está pasando, si nos encogemos, miramos hacia otro lado y fingimos no oír nada?

Érase una vez un país llamado España, y dejó de ser.

(Yo me borro).

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