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lunes, 13 de junio de 2011

ENFERMO

Me preguntan si estoy enfermo, que llevo casi una semana sin decir nada (y eso extraña), si me pasa algo, que ni por político ni por lo social, ni por lo artístico ni por lo personal he dejado huella de aquello que mis conexiones neuronales hayan podido dar en conjugar verbos, adverbios y pronombres para solaz y entretenimiento de tanto bloguero fiel…, que también son ganas.

Así que voy al médico, al de verdad, al de la cosa orgánica y visceral (visceral de vísceras) y me imagino unos completos análisis de sociedad de prevención (M.A.Z., en mi caso). Y en mi imaginación no veo nada malo, nada fuera de sitio…, los triglicéridos bien, gracias, el colesterol de broma, como siempre, la urea y todo lo demás no sé lo que son ni para qué sirven…, pulmones, corazón, abdomen y extremidades varias como de toro de lidia (o de Minotauro si gustan más de la cita clásica)… En resumen, como para vivir cien años, si es que me apetece, que me parece que no.

Visto este fracaso en mi consulta al físico-barbero-cirujano de Noah Gordon se me ocurre revisitar a mis antiguos colegas de la cosa de la cabeza…, de las interioridades de la cabeza, quiero decir…, psicólogos y psiquiatras. Cuatro o cinco años estuve visitándoles. Alguno incluso creo que me visitaba a mí (“… Fulanito, estoy encantado de haberte conocido…”). Pero tampoco, mis tiempos del citalopram son ya sólo recuerdos de un pasado en el que aprendí (eso sí) que tendría que vivir conmigo y con las culpas de conmigo durante el resto de mi vida. Y lo aprendí bien…, así que tampoco es eso.

Es claro, si no padezco disfunción física alguna ni desorden mental de mínimo nivel sólo me quedaba el espíritu, el alma, el néfesch hebreo…, vamos, los curas. ¿Tendré una crisis de fe? (¿qué fe?, me pregunto), ¿mi esencia vital busca en vano un asidero en el vacío? (demasiado melodramático para mi gusto), ¿el Ángel de la Muerte me ha mirado a la cara como en En busca del Arca perdida? (ya quisiera yo parecerme en algo a Harrison Ford o a alguno de sus personajes). Así que las cosas no van por ahí.

¿Pues entonces?, si mi cuerpo (serrano él), mi mente (clara y clarividente) y mi espíritu (demasiado gastado para tener siquiera padecimiento alguno) no son la causa de este desasosiego antiliterario… ¿qué me pasa?, ¿por qué no puedo o no quiero mirar una hoja en blanco con ánimo de garabatear en ella cualquier majadería que a mi ego satisfaga y a ustedes ennoblezca?  Pues se lo voy a decir. Es por asco, por las arcadas que me vienen un minuto sí y otro también, por mi estómago revuelto, por mis tripas rellenas de bilis. Por asco, por asco y por asco. Un asco cuyos accesos vomitivos no se pueden comparar ni con la terrible imagen de una espina de pescado en mi garganta. Asco puro, asco total…, asco.

Nunca hablaré desde este estrado de sus causas, son sólo mías y de los que me conocen en persona…, pero quiero así agradecer el interés de alguno de vosotros (me permitiréis el tuteo en esta ocasión) que se ha interesado, si no por mi salud, al menos por los estragos que ésta pudiese estar realizando en mi actividad en la red. Gracias sinceras, y un saludo.  

P.D.: volveré en cuanto me den (mis vísceras) el alta, que seguro será muy pronto…, rezo porque vuelvan los tiempos felices…

miércoles, 8 de junio de 2011

EL TÚNEL

Sábato escribió sólo tres novelas: El Túnel, Sobre héroes y tumbas y Abdadón el exterminador. En su día leí las tres, y de las tres me quedaron dos sensaciones. La primera que ahí (en las tres) había algo interesante y la segunda… el túnel. No recuerdo nada más, salvo el apellido del protagonista de la primera, y eso por su parecido con el mío. Pero la idea de túnel arraigó en mí desde el primer momento o, mejor dicho, confirmó una idea largamente sospechada: nuestro inevitable aislamiento, la imposibilidad de tener una comunicación cierta y real con nuestros semejantes… La vida como un túnel, largo y oscuro, con apenas unos ventanucos de tanto en tanto que nos permiten avistar el túnel que discurre al lado del nuestro. “Nadie sabe lo de nadie” dijo un cura mejicano al ser interrogado sobre el porqué de sus actos pues resultó haber asesinado a una mujer con la que había convivido durante largo tiempo y se había quedado embarazada. De eso se trata, puedes mirarme fijamente a los ojos cuanto quieras, puedes estudiar mis actos pasados o presentes, puedes preguntar lo que quieras a quien quieras, que nunca sabrás de verdad que hay tras esa mirada…, nadie sabe lo de nadie…

Pero esto es filosofía y cansa. Salvo algunos profesionales de la tabarra y algún que otro pirado como yo que disfruta flagelando su espíritu con profundas preguntas sin respuesta, el público en general no quiere saber gran cosa de la metafísica y así. Preferimos pensar que sí, que nos entendemos, que podemos contactar unos con otros. ¡Ojo!, no todos los unos con todos los otros, no exageremos. Pero sí que podemos dar por sentado que ciertos parentescos y ciertas amistades están un paso por delante, que ellos sí, y, claro nosotros con ellos también.

Y la farsa, el engaño, funciona aparentemente bien hasta que un día salta en pedazos. Ocurre algo que nos dice que no…, que la cosa no estaba tan clara, que donde parecía haber un vado aparece un abismo imposible de franquear. Un mal gesto, una mala respuesta, una frase equivocada y…, fin, de vuelta al túnel.

Y ahí estáis, asomados a los ventanucos… Yo os miro desde el mío.

martes, 7 de junio de 2011

SALTO AL VACÍO

No leo periódicos, no al uso. Tan apenas me fijo en unos cuantos titulares y, de vez en cuando, en la columna de algún opinador de los que me caen en gracia (unos pocos). Pero la letra pequeña me cansa en general. Será porque no comparto casi nada de lo que piensa la mayoría, será porque sobran la mitad de las palabras o será (casi seguro) porque ya hace algún tiempo que sin gafas no veo nada y la presbicia y mi sentido de la estética y la comodidad no encajan bien.

Por eso tiene más mérito que hoy haya ido a fijarme en esa letra pequeña de un tal Stéphane Hessel (un francés viejo viejísimo desconocido para mí) cuando dice, entre otras tonterías: “… jamás las acciones violentas…, revolucionarias…, podrán hacer progresar a la historia…”. ¿Ah, no? Vaya por Dios, y yo que me hacía cuentas de que todos los saltos que la Humanidad ha dado a lo largo de los siglos se han apoyado, de un modo u otro, en una espada. Desde los sumerios y más allá hasta los romanos (y más acá), desde los godos a los árabes, de los españoles a los ingleses…, desde los franceses que revolucionaron absolutamente todo…, americanos, rusos, chinos… ¿Quién sabe de un solo paso hacia delante que se haya dado pidiendo disculpas al vecino? Yo no. Yo sólo sé de pasos dolorosamente violentos, como ya decía el doctor Malcolm, experto en la Teoría del Caos de Jurassic Park.

Claro que en ocasiones estos pasos son no sólo violentos y dolorosos sino auténticos saltos al vacío. Pero esto se da únicamente cuando surge el individuo por encima de la masa. Aníbal dio un salto al vacío al atravesar los Alpes con la esperanza de pillar a los romanos por la retaguardia. Pudo salirle bien, pero le salió mal. Julio César dio un salto al vacío tan monumental que se saltó la República y puso las bases del Imperio. Pudo salirle mal, pero nos salió bien. Mahoma dio un salto al vacío hasta la siguiente duna y le salió…, rana, más o menos. Felipe II intentó saltarse el Canal de la Mancha y casi se ahoga. ¿Y si su salto al vacío hubiese salido bien? Enrique VIII dio un salto al vacío de la mano de su verdugo de guardia y el Imperio Británico aún está agradeciéndoselo (supongo). Napoleón dio una serie de saltos al vacío por toda Europa que le llevaron hasta la isla de Santa Elena, pero entre salto y salto algo se le fue desparramando por todas las tierras que pisó, algo que aún recordamos hoy en día. Los alemanes, más torpes y cuadriculados ellos, pero más perseverantes dieron tres saltos al vacío en el pasado siglo, dos fueron guerras (la del Káiser y la del Führer), pero a la tercera fue la vencida, aunque le pese a algún pepino. Hay lugares en los que tras el salto al vacío propiciado por su líder aún siguen cayendo pero no lo saben, como en Corea, la del norte, pero eso es otra historia.

Y así todo. Lo que no ha sido un proceso doloroso y violento pero vivo y animado, ha sido una iniciativa más o menos personal con un mayor o menor éxito o fracaso. Pero, en todo caso, las consecuencias, buenas o malas, nos han afectado a todos…

Claro que para salto al vacío, absurdo, loco e inconsciente, el de mi cuñado ayer en Zaragoza. Obviando mil objeciones, entre las que su edad y nivel de torpeza no son las menores, dio en intentar una pirueta magistral en su acceso (fallido) a un vagón del nuevo tranvía que recorre de norte a sur y de sur a norte la capital de los aragoneses de primera (los de Huesca son de segunda y los de Teruel, existan o no, de tercera). El caso es que tras un épico vuelo provocado por un previo tropezón en una vía férrea que, cual Holandés Errante, pasaba por allí sin saber muy bien por qué, terminó por desparramarse por el suelo, él junto con todos sus huesos, poniendo por delante no la cara, que hubiese sido lo más cristiano, sino el esternón, que me parece a mí cosa mucho más tonta e inútil hasta para intentar rompérselo.

Pero el caso es que voló, con gracia y donosura, y cayó, con estrépito y escándalo de pasajeros y viandantes. Y en el suelo quedó, roto y magullado en su cuerpo y en su espíritu, que ya no estamos para ciertas cosas, Pepe.

lunes, 6 de junio de 2011

¡AY, DIOS MÍO...!

“¡Ay, Dios mío…, prefiero no pensar!”

Si una frase puede definir a una persona de un solo golpe ésta es perfecta para mi madre: “ay, Dios mío…, prefiero no pensar!”…, y a otra cosa…, que puede ser desde seguir pelando unas patatas hasta marchar alegre a tomar el sol a la playa de la Concha, pasando por corretear por mil calles buscando un supermercado en el que ahorrar cinco duros (claro, mi madre es de la peseta) en la compra del día…, o de la semana o del mes, que da igual, que cinco duros son cinco duros…. Más cosas: mi madre tiene 85 años y vive sola en San Sebastián, y le apetece regular que nadie vaya a vivir con ella…, si acaso de visita. Así que la frase de arriba, en boca de mi madre, no es la frase de una persona cobarde o pusilánime…, es la frase de una superviviente. Y no saben hasta qué punto. Y algo de mérito tiene Dios en todo eso, aunque sólo sea el haber prestado su nombre para la jaculatoria.


“Yo voto al PSOE porque soy un obrero nato”

Esto me contestó un conocido mío (prácticamente no tengo amigos, pero sí muchos conocidos) cuando le pregunté por la cuestión pocos días antes de las últimas elecciones. Y me contestó con auténtica sinceridad, y un punto de agresividad, no en vano tengo fama de facha entre mis conocidos. Normalmente soy bastante rápido de cabeza, pero no en esa ocasión…, no supe qué contestarle. Al fin y al cabo él tenía razón. Se consideraba no sólo obrero, sino obrero nato. ¿Cómo debatir frente a tanto convencimiento? No hay más que pensar…, quieras o no. El dios de la política no genera gentes cobardes ni valientes, sólo ignorantes.


“Insh’allah”

Aquí no hay nada que decir, nada que comentar. La traducción del árabe sería: “si Dios lo quiere”, pero el significado real, el de a pie de calle es: “con semejante excusa, ¿para qué ocuparme o preocuparme de nada?” Y si no miren esas caras ocultas tras barbas tan profusas que podrían rodear el castillo de la Bella durmiente con la total seguridad de que esta vez el Príncipe Felipe no llegaría a despertarla. ¿Qué hay allí? Pues una vida que para mí la quisiera…, sin dudas de ninguna clase…, todos los problemas resueltos de antemano…, los castigos claros, los premios…, pues eso, el Paraíso…, pero… ¡qué Paraíso!...: un serrallo perpetuo, un harén de primera clase…, o de última, según los gustos…, una barra de bar de aquí a La Meca…, un sofá delante de una televisión en la que sólo ponen fútbol y pelis de Stallone y Swarzenegger…, y todo gratis y sin sensación de hartazgo (para los que pudieran llegar a tenerla, claro está). ¿Y las mujeres?, ¿qué hay de las mujeres? Yo no entiendo mucho de eso (de mujeres quiero decir) pero me parece que tras esos sayones se esconde piernas que no se han depilado desde los tiempos en los que a Favila se lo comió el oso (el de Favila), y quien dice piernas dice lo que ustedes quieran pensar… (mejor no), y bajo esos tocados el pelo debe de ser más o menos como el de Medusa, pero con cucarachas en lugar de serpientes…, y así todo. Con lo que no me queda otro remedio que pensar que este dios lo que genera es unos vagos de tomo y lomo (y ultracuerpos).


¿Y ustedes? ¿Qué frase tienen?

domingo, 5 de junio de 2011

MI PLANTILLA

Hay entrenadores partidarios de tener plantillas numerosas que les salvaguarden de cualquier contingencia a lo largo de una temporada. Los hay que, por el contrario, las prefieren cortas (más reducidas en el argot futbolero) para no tener que lidiar con el ego de chavales, imberbes y malcriados las más de las veces, en cuyo caso se encomiendan a la cantera (los que la tienen) o a la Virgen de los Remedios (los que creen en ella).

Porque todos, unos y otros, se encuentran siempre en manos del azar cuando se presenta el mayor de los enemigos (después del árbitro): la lesión. Ay amigo, meses de planificación, miles de horas de vídeo, entrenamientos y gimnasios pueden quedar en nada si, pese a tanto esfuerzo y dedicación, tanta planificación de lo por venir, surge el avatar menos deseado y más temido…, la lesión, pero no cualquier lesión, sino la grave, la de rotura de algo gordo o así. Y ahí estás tú, entrenador de postín, filósofo de la estrategia, gurú de la táctica, inventor definitivo del juego…, con cara de tonto porque, sin tener culpa alguna, alguna de tus piezas más valiosas se ha roto para un tiempo indeterminado…, normalmente largo.

Y ahí estoy yo, entrenador en-jefe, bloguero cum-laude, líder de todo aquel que se me acerca y del que no…, compungido y abatido porque mi plantilla de seguidores (corta de por sí) se ha visto repentinamente sacudida por una plaga de lesiones variadas entre las que destaca una: la ignorancia en el manejo de eso llamado “redes sociales”. Porque resulta que alguno de los miembros de mi equipo no sabe cómo insertar comentarios en esto del blogspot.com…, y yo... tampoco. Y tras consultar con mi equipo médico habitual hemos decidido que sólo nos queda una solución: pedir ayuda.

Y eso hago hoy, pedir ayuda.

¿Puede alguien enviarme una serie de normas como para burros en las que me explique cómo hay que hacer para insertar un simple comentario?, ¿qué significa eso de perfil?, ¿cómo hacéis los blogueros veteranos?

Por favor, daos prisa, se trata de una emergencia. Es una auténtica epidemia de ignorancia que incluso me está alcanzando a mí.

¡Socorro!                                             (Pago bien)

sábado, 4 de junio de 2011

¿Y SI...? (Esa mala costubre...

… que tenemos todos de pensar que si las cosas han sido hasta ahora de una manera, ¿por qué habrían de cambiar?). Pueden aplicarlo a lo que quieran porque ahí está… Una confesión, no hay cosa que más de los nervios me ponga que cuando, en el trabajo (en el mío), pregunto acerca del porqué de esta o aquella manera de hacer algo se me responde: “Siempre se ha hecho así”. Debo de ser tonto porque, inevitablemente, cuando escucho esa frase me quedo mudo, mi capacidad de respuesta pasa del 2,7 (o donde quiera que la tenga) al cero absoluto, aquel del señor Kelvin, el menos doscientos setenta y tres de los centígrados. Y claro, me quedo frío. Es esa mala costumbre de pensar que el curso de las cosas es uno e invariable, que es posible que podamos asistir a algún que otro vaivén, pero que la realidad, tozuda como un tentetieso, siempre ha de volver a su posición natural..., y ahí estamos nosotros, tan pimpantes, con cara de poder con todo, pero con el íntimo convencimiento de que no hará falta que hagamos nada…, y nada hacemos, salvo esperar y dejar pasar el tiempo.

El ejemplo de mi trabajo (y del vuestro, estoy seguro) es bueno, pero limitado. En realidad podríamos hablar del trabajo de todos y, por extensión, de todo de todos. Pero no adubo  (no alcanzo) a tanto, mi cabeza no llega tan lejos, así que me limitaré a algo tan feo y prosaico como la economía. ¿Crisis?, “¿qué crisis?”, dijeron algunos. Y nosotros se lo afeamos: ¡Qué irresponsabilidad!..., ¡nos van a hundir!..., ¡hay que salvar el barco!... Y lo hicimos con total convencimiento y cargados de razones de tanto peso como para hundir cien veces el Titanic… Pero, en el fondo de nuestros corazones con una razonable seguridad de que tarde o temprano las aguas han de volver a su cauce y nuestras preocupaciones se retirarán a sus cuarteles de invierno en espera de la siguiente ocasión.

Pero…, no sé. Vale, los libros de historia han contado todo sobre el batacazo de 1929, y sobre la destrucción hallada en 1945, y sobre el resurgir posterior, y el crecimiento desaforado, y a vuelta en los 70 con la crisis de petróleo, y otra vez para arriba, y la teoría de los ciclos, que si los grandes ciclos de 50 años, que si los pequeños ciclos que subyacen sobre las ondas de los primeros, y arriba y abajo, y una vez y otra…, hasta el infinito y más allá, que diría mi querido (cuñado) Buzz Lightyear (…no se hacen idea de cuánto se parecen…).

Pero…, no sé. Algo me ronda en la cabeza, como el runrún de Cruz y Raya, si lo pueden recordar. Como un rumor sordo y lejano que parece acercarse por las noches, cuando el mundo duerme tranquilo en su ignorancia…, como debe de ser el silencioso aviso de un tsunami… ¿Y si esta vez fuera distinto?, ¿y si algo gordo, pero gordo de verdad, estuviese a punto de pasar?, ¿y si todo lo que damos por seguro se pudiese realmente venir abajo? John Connor se lo dice a la que, sin saberlo aún, acabará convirtiéndose en su esposa: ¿Cómo te sentirías si supieses que todo lo que das por sentado en tu vida no va a durar?

¿Cómo nos sentiríamos nosotros, que ni siquiera tenemos a un Terminator bueno a nuestro lado para protegernos?

¿… y si lo de Grecia, Irlanda y Portugal no fuese una broma de mal gusto en nuestras asentadas vidas…?

¿Y si…?

viernes, 3 de junio de 2011

LA LISTA

Una lista interminable, a eso se asemeja la vida. Ya antes de nacer nos incluyen en varias. La primera breve: ¿será niño o niña? La siguiente infinita: ¿qué nombre le ponemos a la criatura? Aquí la lista se eterniza por una doble vía: la enorme variedad de nombres de nuestro santoral (y no tan santoral) y por la también enorme variedad de familiares y amigos aconsejando la perfecta denominación (que habitualmente coincide con la propia).

Después entras en otras listas: la de vacunas (considerable), la de colegios a los que optar (no tan…), la de actividades extraescolares que, en muchos casos, sirven principalmente para el alterne de padres y madres…, la de “Progresa adecuadamente” o los temidos “Puede mejorar” de los primeros boletines de notas (los PA y los PM son cosas de la modernidad, a mí me ponían directamente Ceros patateros y algún que otro Cinco…, listas.

Más tarde llegan las listas de amigos (y amigas) de tu pandilla: tú sí, tú no…, las de fiestas y sábados noches a los que sobrevivir, las de besos robados o besos imaginados, las de los auténticos (los menos), las de los rincones oscuros…, listas y listas. Listas de peleas y desengaños, de verdades, de mentiras…, de decepciones…, de años, de temores, de tanatorios…, de muertos. En fin, las listas de la vida, que son muchas.

Pero, para mí, ninguna como la lista pública y publicada de las notas del último examen del último curso de tu última carrera. Para mí fue en un septiembre de 1.985, una lista de 15 nombres (15 entre 300)…, y mi nombre estuvo allí. Y lo que más recuerdo es la sensación cierta de que era la última vez, que nunca más estaría en una lista como esa, que, ¡por fin!, todo había acabado. Y había acabado. Jamás he vuelto a pasar por aquello…, me he cuidado mucho de hacerlo.

Así que toda mi compresión y todo mi apoyo a los pobres estudiantes de hoy en día. Porque por más frases razonables y más consejos que queramos darles, la única verdad es que ante es lista (pública y publicada) ellos van a estar solos.

Va por vosotros…, y por este maldito mes de junio que tanto iguala a las personas en esa edad en que se busca un agujero por el que colarse en la vida adulta.

jueves, 2 de junio de 2011

UN SUECO EN ZARAGOZA

Los últimos dos días no he leído ningún periódico más allá de algún insulso y poco inspirador titular. Ni siquiera periódicos deportivos, acabada la liga de fútbol el interés decae notablemente, ni las aventuras del Kun me motivan lo suficiente, Nadal no parece estar para muchos trotes ni yo para sufrimientos innecesarios, y el ciclismo sin Armstrong ya no es lo mismo. Pero no es la falta de sustancia de estos días lo que me ha apartado de sus páginas sino las dos tardes toledanas que, desgraciadamente, me ha tocado pasar en el servicio de urgencias del Hospital Miguel Servet de Zaragoza. Los motivos son lo de menos, ahí están, remitiendo, espero…

Estoy seguro que a todos les habrá tocado lo mismo en alguna ocasión… Entras con un familiar en apuros, te diriges a un mostrador de admisión y… ahí acaba todo parecido con lo que la gente en general (y yo el primero) cree que debe ser el funcionamiento de un servicio público de la dimensión e importancia de la sanidad pública. El Hospital Princenton-Plainsboro se queda en la calle, House y su equipo de encantadores y eficientísimos médicos son puro atrezzo, los medios (la pela) brillan por su ausencia (conseguir que te hagan una ecografía requiere grandes dosis de paciencia y dolor previo)… Únicamente el culo de Cuddy –la directora- puede ser que se nos aparezca… sin nos fijamos mucho.

Entras a una hora, a una cualquiera, haciendo cuentas de que menos de cinco de espera no te las quita nadie…, y eso en el mejor de los casos. El paciente tiene silla de ruedas (desvencijada, las más de las veces) pero el acompañante (sólo uno por paciente, pero multiplicado por diez) no tiene ni un trozo de pared en el que apoyarse, matarías por una silla (yo, de hecho, intenté robar una de un Box). La megafonía no para de llamar… a los demás, nunca suena tu nombre. Los nervios hacen mella en tu paciencia y en la de los demás, lo cual es una suerte porque proporciona curiosas escenas que te ayudan a pasar el rato… Claro, siempre está el experimentado que no se cansa de anunciarte esperas aún más largas e incomodidades que tú nunca habrías podido imaginar.

Todo esto genera una justa indignación que te lleva a imaginar terribles venganzas contra todo el sistema (sanitario o no) y contra sus agentes particulares: enfermeros, médicos, los de seguridad, señores de la limpieza… Todos están implicados en una complicadísima  conspiración (todas lo son) cuyo único objetivo es hacerte pasar el peor, con diferencia, rato de tu vida. Bueno, pues imagínense todo esto cuando, aparte de la preocupación que te genera el motivo que te ha llevado a semejante lugar, además de todo, eres una persona nerviosa e impaciente cuyo mayor lema es la puntualidad. Imagínenselo y piensen si no tengo razón al hablar de tardes toledanas…, o de toda Castilla La Mancha.

Pero…, amigos, inevitablemente llega el esplendoroso momento de la salida…, con tus informes, tus pruebas clínicas, tus recetas…, tu vida recobrada en un momento… Y todo se desvanece, las horas de tormento se desdibujan, miras a tu alrededor y sólo ves sonrisas amables en todo el personal del servicio, todo parece más limpio y más bonito. Incluso el resto de pacientes parecen comparsas de una divertida comedia en la que has estado viviendo y, ¿por qué no decirlo?, disfrutando durante unas hermosas y llenas de vivencias horas de tu vida… Te vas, y te vas agradecido.

Y, claro, defenderás a todo y a todos por encima de cualquier crítica. Estás de su parte. Por arte de birli-birloque te has transmutado en sueco. Ya no estás en Zaragoza. Has salido a las calles de Estocolmo.

Es el síndrome, ya os hablé de él. A todos nos pilla.

miércoles, 1 de junio de 2011

KUATO (o "¡Arde el Liceo!")

Es moda y es verdad. El descrédito de la clase política es total. Sus miembros se han convertido en presuntos culpables, sospechosos habituales, auténticos goodfellas, para lo que nos ocupa, extraterrestres, en resumen…, marcianos.

Y no digo marcianos porque sí, ni pienso, al decirlo, en hombrecillos verdes con trompetillas en lugar de orejas y apéndice nasal. No, me refiero a gente venida de Marte, el cuarto planeta solar, el rojo (esto no va con segundas), el de los canales (esto tampoco), el que, parece ser, tuvo vida en una época hasta que decidió escupirla aquí. Porque los niños vendrán de París, pero los políticos vienen de Marte. Y tengo pruebas de lo que digo. Concretamente dos: Schwarzenegger y Kuato. El primero pasó de los mamporros y mutantes raros de “Desafío total” al gobierno del California, de donde acaba de salir, ¡ojo, no por mala praxis sino por pichalarga! (más o menos). En cuanto al segundo, decidió emigrar, pero en lugar de hacer las Américas pensó que mejor hacer Els paisos catalans y, disfrazado de Jordi Puyol, vino a nosotros en sustitución de aquel otro llegado desde las pizzas y el fuet: Tarradellas.

Y Kuato (en adelante Puyol) gobernó y nos gobernó desde la sombra (la poca que daba, la verdad, que no levantaba gran cosa desde el suelo) durante mucho tiempo hasta que un día se vio obligado a salir a la luz. Y lo hizo lloroso, tierno, suplicante… El Liceo, símbolo de la más profunda Cataluña burguesa, había estallado en llamas por un cigarro mal apagado (¡ah, los peligros del tabaco!) y amenazaba con su total desaparición. Y así, con lágrimas en los ojos y mocos colgando de la nariz, se nos presentó Kuato (que no, que es Puyol) para recordarnos que 1994 no quedaba tan lejos de 1992 y nuestra generosidad españolista debía tender una vez más la mano.

Y como en la vida todo se repite (y en la vida política ni te digo) se nos aparece ahora el fantasma de Kuato (Puyooool…) encarnado en su discípulo Arturito Mas que ha dado en pedir, ¿qué digo pedir?, ¡exigir! que el Gobierno Central les pague algo así como la mitad del exceso de déficit que sufre la Generalitat para poder adecuarse a los límites previamente establecidos para todos. Y lo hace con el argumento de que, al fin y al cabo, ese déficit excesivo lo produjo un gobierno anterior –el tripartito- que, no se puede negar, estaba mandado por un partido español. Vamos, que nos echa la culpa.

No me negarán que esta es la tercera prueba de mi tesis…, marcianos o mascianos es casi lo mismo.

¿O no?

EL PEPINO ATÓMICO

¿Es involución?, ¿es deriva hacia la autarquía?, ¿es un regreso a los cuarteles de invierno de los más profundos sentimientos nacionalistas?, ¿es el fin de Europa?..., ¿tuvo alguna vez Europa un principio?

No lo sé. Ni siquiera estoy seguro de que signifique nada pero soy desconfiado ante las casualidades y, en todo caso, no podía desaprovechar tan magnífico título: El Pepino Atómico. Casi parece un personaje sacado del universo Marvel, de aquellas viejas ediciones Vértice (aún conservo algunas). Pero no es el universo Marvel, es el universo Merkel, de Ángela Merkel que, cual nibelungo Profesor X, mueve de aquí para allá a sus superhéroes en lucha por la supervivencia de su mutante raza. Y de entre todos sus discípulos sobresale uno: El Pepino Atómico, personaje singular surgido de la exposición casual de un pepino español (moribundo de e-coli) a la radiación nuclear derivada del escape radiactivo que se produjo en una central nuclear azotada por un terrible tsunami que asoló toda la ribera del Rhin. ¿No les parece que encaja bien? También podría haber resultado de una extraña mutación de nuestro querido Pepín Blanco, pero de esto no tengo pruebas, todavía...

Sea como sea, la señora Merkel (Marvel, si lo prefieren) se ha embarcado en un extraño viaje en zig-zag: ahora soy europea-ahora no, ahora soy ecologista y vegetariana-ahora no, ahora ayudo a los débiles-ahora les jodo, … Está en su derecho pero…

Sólo dos avisos. El primero: si cierras las centrales nucleares y no consigues (que no lo conseguirá) reducir el consumo de electricidad tendrás que quemar más de lo que sea (con destino al invernadero mundial) o/y (y/o) comprársela a los franceses que tiene ahí al lado, a tiro de piedra, todas las centrales nucleares que les hacen falta más todas las que no queremos los demás. Saque usted las cuentas, Frau Merkel.

El segundo (y no menos importante): si no compra los pepinos españoles, y dado que no creo que se vaya a poner en manos de los franceses también en esto, no lo quedará otra que comprarlos en Marruecos. ¡Pero ojo, que los pepinos magrebíes vienen con sorpresa detrás y a la que te descuidas te los han emplumado!, el pepino y la sorpresa (Goytisolo lo podrá asesorar en estas lides).

Sé que el comentario es un tanto homófobo y anti-Alianza de las Civilizaciones, pero es lo que hay.

Yo por si acaso no me acercaría mucho por allí en los próximos meses.

Por Alemania, digo.