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lunes, 21 de noviembre de 2011

NO LO ENTIENDO

… y tal como no lo entiendo lo digo: no entiendo la ley electoral, o los números que de ella se derivan, del mismo modo que no entiendo las alegres y optimistas valoraciones de todos y cada uno de los actores que en estos eventos se presentan ante el público: “¡he ganado, soy el mejor!”, “¡he perdido, pero por poco, así que…!”, “¡he perdido por mucho pero la culpa es de un gato negro que pasaba por ahí!”, o la gran retraca final del jaleado por sus “manolas” partidarias (¡Ruuubalcaaba…!) cuando dice haber “recibido el mandato de los españoles para hacer una oposición…”, como si alguien votase para que su candidato perdiese y se pasase los próximos siguientes años buscándole las cosquillas al jefe.

Pero me he perdido, o casi. Así que vuelvo a mi camino inicial: no entiendo la matemática electoral. Y voy a intentar exponerles mi ignorancia con un ejemplo: UPyD (lo de Rosa Díez). Resulta que ha obtenido 1.131.923 votos (que ya es contar con detalle), lo cual se traduce en 5 escaños, pero por no sé qué de que no llega al 5% de los votos (supongo que a nivel nacional) no puede permitirse un Grupo Parlamentario propio (cuyas ventajas desconozco y, además, no me importan). Mientras tanto AMAIUR (nombre de partido que parece como de Mocedades) reúne 333.592 desgraciados (en todos los sentidos) y le salen 7 diputados y grupo (y más financiación, seguro) para ellos solitos. No recuerdo mucho de Proporciones y Probabilidades matemáticas, hace ya demasiado tiempo, pero lo anterior viene a significar que Mi voto (si yo hubiese votado a UPyD) valdría como 3,75 veces menos que la de un vascote o vascota de Amaiur. En el caso del PNV la cosa no es tan flagrante, repasen las cifras y díganme si no les sale alrededor de 3,49 veces más. ¿Y lo de CIU, esa coalición que parece dirigida por un Representante Comercial de tejidos al por mayor y un Batería de Rock que ha perdido los tambores? Pues hagan el cálculo, es fácil: un 12% menos de votos a nivel nacional (nacional español, se entiende) y más del triple de representantes, más del triple de subvenciones estatales (estatales españolas, se entiende) y más del triple de poder… (¡¡¡!!!)

No lo entiendo.

¿Puede alguien explicármelo?

viernes, 18 de noviembre de 2011

20-N

No sé quién ha sido, de verdad. No suelo prestar atención a estas cosas pero alguien ha dicho en estas últimas horas (¡por fin!) de campaña electoral que “… de la crisis sólo se sale con democracia…” Supongo que ha sido, en parte, un intento de animar a la gente para el domingo que se nos viene encima y, en parte, una velada referencia a lo que les ha tocado a griegos e italianos. Pero sea por auténtico interés en la promoción del sistema o por miedo a perder el chollo de cada cual lo cierto es que no entiendo la frase… “… de la crisis sólo se sale con democracia…

Veamos, cualquier imbécil (y en España hay muchos) sabe que lo que llega de frente es muy gordo y que hay que tomar decisiones duras y difíciles, decisiones basadas en datos, en análisis de lo pasado y en proyecciones de futuro. Decisiones, en suma, técnicas e impopulares. Y yo, con mi Licenciatura en Empresariales a cuestas, no las entiendo, desconozco sus bases y no alcanzo a ver la más mínima consecuencia. Y no soy tonto. Así que no puedo creer que la suma de millones de personas menos preparadas e inteligentes que yo en su mayoría puedan entre todas sumar una voluntad coherente con la situación que tenemos que afrontar.

Por eso, mi única duda es si debo ir a votar en contra de todas mis convicciones o debo ayudar a que alguien, uno solo, tome las decisiones que crea convenientes…, y rezar para que acierte… Claro que ese alguien también se ha manifestado contrario a la solución griega (Papademos) o la italiana (Monti). Y mal vamos si la esperanza última tiene en mente los mismos miedos personales que cualquier otro.

No sé.

De todos modos mi 20-N particular sería otro, ahora proscrito.

¿Es pecado?

miércoles, 16 de noviembre de 2011

LA PERLA

En una de mis cada vez más escasas y breves incursiones en los telediarios me he encontrado con uno de esos olores del pasado, una de esas inesperadas evocaciones de un tiempo ya perdido para siempre. Tengo muy buena memoria (o eso creo) pero mi sentido del olfato es casi nulo, prácticamente inexistente… De hecho, si alguien me dice: “¡mira, huele esto!” (casi siempre algún extraño arbusto campestre) tengo que hacer tanto esfuerzo físico por identificar “algo” que suelo acabar con el objeto en cuestión incrustado en mi pituitaria… A lo que iba, que son muy extraños los entresijos de la memoria cuando, con una base tan estropeada, son capaces de remontarse  veinte, treinta o cuarenta años atrás hasta un segundo concreto de una existencia ya pasada.



Y eso ha sido para mí hoy la noticia sobre cierto episodio ocurrido en el “Centro de Talasoterapia” (¿?) de “La Perla” de San Sebastián. “La Perla” que, cuando mis cuatro o cinco años de edad era una especie de club privado situado en la misma playa de La Concha, un lugar misterioso (jamás entré) y envidiado. “La Perla”, representación para mí de “el otro” San Sebastián. “La Perla”, como un palacio de Disney en la lejanía, apenas entrevisto desde la distancia de “Los Relojes”, el lugar de la playa en el que mi madre solía colocarse y colocarnos. “La Perla”, olvidada hasta hace unas horas cuando, desde las brumas del pasado, un cierto olor ha venido a traérmela de nuevo hasta mis cincuenta y pico años de hoy. “La Perla” que, ahora me doy cuenta, también me la habían robado, como tantas otras cosas, los que de un modo u otro, con zancadillas o a empujones, con insultos o con miradas, con mentiras siempre, han conseguido que el marco de mi infancia sea un lugar tenebroso y odiado. Los vascos, los pacíficos y oprimidos y asustados vascos.



Su olor es para mí de podredumbre.

lunes, 14 de noviembre de 2011

UNAMUNO

Del sentimiento trágico de la vida”, eso y muchas cosas más escribió Miguel de Unamuno en los primeros años del siglo… pasado. Era un pesado. Yo intenté hará un año leer “San Manuel Bueno, mártir” y no pude con él. Lo dicho, era un pesado. Pero al menos dejó ese título, esa combinación de palabras: sentimiento trágico de la vida. Es algo que en aquellos tiempos se podía decir, la vida era algo intrínsecamente trágico y la gente lo entendía.



Ahora no. Hemos evolucionado durante décadas hacia lo que llamamos “Estado del bienestar” (muchas cosas buenas, no lo niego; lo acepto y me aprovecho de ello como cualquiera), pero hemos dejado por el camino algunas cosas, entre ellas la idea de duda sobre nosotros mismos y sobre nuestra existencia…



Vas a un hospital, la cosa sale regular, y denuncias, te escandalizas y escandalizas a tu prójimo sobre lo que ha pasado o lo que podría haber llegado a pasar… Una abuela invierte todos sus ahorros en Lehman Brothers antes del petardazo y se encorajina a tutiplén y al juzgado…, y encima gana. Alerta amarilla, alerta naranja, alerta roja…, alertas por doquier. Para la lluvia, para el viento, para el polen, para el calor, para el frío…, alertas para todo. Se trata de que alguien o algo se haga responsable de nuestras dudas y miedos y nos diga: “tranquilos, yo me ocupo de que no os pase nada”, y nos lo creemos…, hasta que surge el desastre, y nos revolvemos furiosos en busca de un culpable…, y lo encontramos…, casi siempre. Incluso los canarios de Hierro empiezan a hablar en la tele con ese tono quejoso de quien no ha sido avisado a tiempo ni protegido convenientemente.



Yo, cuando llegue el caso, patearé, berrearé, protestaré airadamente, me quejaré con mocos rabiosos colgando de mi nariz, os culparé a vosotros, quienes quiera que seáis…, todo antes que admitir que la vida es eso, riesgo e incertidumbre, miedo y desolación, lucha y derrota…, vida en fin.



Pero ahora, aquí, sentado frente a un teclado, me permito deciros que os equivocáis, porque la sobreprotección sólo engendra debilidad, y somos, hoy, más débiles que nuestros padres.

domingo, 13 de noviembre de 2011

VAMPIROS

Yo creo en los vampiros, ¿qué pasa? Me refiero, naturalmente a los chupasangre transilvánicos, no a esos bichos asquerosos que se han quedado a medio camino entre las ratas y los mochuelos. No a los que se alimentan de la sangre de vacas desprevenidas en los campos nocturnos sino a los de verdad, los que muerden el cuello a seres humanos, preferiblemente mujeres rubias y de buen ver. No veo el problema… Existen gentes majaderas que tiemblan ante la posibilidad de encontrase con seres imaginarios como licántropos, frankensteines o chotacabras varios. Yo no, yo soy serio y sólo creo en los vampiros.



Y, por aquellas vicisitudes del plan de estudios de la Kent University, me he tenido que ver el Nosferatu de Herzog, la versión que hizo en 1979 del clásico de Murnau. No conocía ninguna de las dos ni creo que dedique un día de mi vida al original. Con la copia me ha bastado…



Y, por lo que sea, ha sido Werner Herzog el que me ha hecho caer en la auténtica realidad del personaje… ¿Qué es un vampiro?: ¿un monstruo, la sublimación sexual de no sé qué deseos ocultos, el malo de la peli…? Vale, todo eso es cierto, pero, por encima de todo, un vampiro es un muerto que quiere estar vivo. Todo lo que hace tiene ese objetivo: volver a vivir, no como un animal que se alimenta de lo que puede pillar por bosques ocultos y sombríos sino vivir (Vivir) con los otros vivos…



Y, puesto que desde que nacemos estamos muertos en realidad (no hay escape) todos somos un poco vampiros… ¿cómo no serlo?... ¿cómo no creer en ellos?



Piénsenlo.



Luego está lo de la tele, que a la que te asomas a ella ves muertos que se creen vivos y no paran de dar saltos, gritos y hasta mítines. Pero eso es otra historia.

viernes, 11 de noviembre de 2011

EL CAMBIO...

Dicen…, dicen que en Grecia la cosa está fatal, que se viene abajo, que puede quedar como en el chiste de Gila: “… sí, Grecia estar está, pero ¡cómo está!..., todo roto…, por el suelo…”. Así que para salvar a la cuna de la civilización occidental (¿?) del caos han y hemos (los europeos) decidido quitar de en medio a un político puro como Papandreu por otro político técnico como Papademos (… he intentado hacer una gracia con el común inicio de sus nombres pero no me ha salido…). Es decir, un político por un tecnócrata (en la España de los 60 fue un falangista por un opusdiano).



Dicen también…, dicen..., que en Italia la cosa está que arde y a la que se descuiden lo más entero que podremos ver en años venideros será el Foro romano, y eso la parte del templo de Saturno, que ni es templo ni es . Solución de emergencia: adiós al inclasificable (porque yo no sé cómo clasificarlo) pero simpático Berlusconi y bienvenida para Mario Monti, un ex-comisario y economista (como Papa-demos) para solucionar el bollo con un ejército de (sí) tecnócratas a su lado.



Ojalá tengan éxito ambos, por lo que les toca a ellos –que es mucho- y lo que nos toca a nosotros, que es mucho más, que para eso es nuestro.



La cosa es que… si cuando ha problemas de verdad hay que llamar a los técnicos (véase fontaneros), ¿para qué sirven los aficionados (dígase políticos)?. Aficionados que, dicho sea de paso, huyen de los problemas como de la peste, así les vaya el país entero en el empeño.


Sabido es (o debería serlo ya) que a mí me sobran todos, pero cuando a los más o menos creyentes en la religión Democracia  empiezan a asaltarles las dudas es que o bien algo falla o bien algo es mentira…, me parece a mí.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

HOY ES MIÉRCOLES

Hay quien se planta ante el televisor y sigue con fruición los debates politiqueros al uso mientras intenta desentrañar las verdades (pocas) y mentiras (todas las demás) en ellos ocultas. Hay quien se apunta al cine de la 2 (hoy una de De Niro en blanco y negro, algo tremendo). Hay quien zapea con desesperación entre los cientos de canales de la TDT o del Cable o de la plataforma que estén pagando.



Yo los miércoles los reservo para “Tu cara me suena”. Y aquí estoy, en uno de los intermedios, para contarles que Francisco, valenciano en todos los sentidos (los buenos y los malos) hoy se ha parecido a Bunbury más que Bunbury…, Bunbury, que, después de 20 años, no ha conseguido caerme mal…, y tenía todos los números (debe de ser por la importancia de llamarse Enrique). Para contarles que Julio Iglesias Jr. no hace nada bien ni mal, pero no importa porque tiene una sonrisa que te desarma desde el primer momento. Contarles que Josema (la parte mala-leche de Martes y Trece) tiene eso, mala leche, y que se muere por ganar, aunque no lo merece casi nunca. Que la Toñi (que no sé si era Azúcar o Moreno) tiene muy mal genio pero qué le vamos a hacer. Que la tal Carolina (no sé de dónde ha salido) parece de buen ver…, en ese sentido también. Que la niña mascota (no recuerdo su nombre) es un encanto, que llora siempre y que tiene registros para todo. Que hay por ahí una folclórica o así que no sé quién es ni me interesa. Y que, por encima de todos, Santiago Segura me hace reír todas las semanas con sus comentarios de velocidad de vértigo y de una inteligencia por encima de la de los demás.



Contarles también que Ángel LLacer sigue tan listo y tan gritón como siempre, que Mónica Naranjo parece esforzarse en salir del armario… (¿qué?, ¿cómo?, ¿que ya ha salido?)…, perdón, me confirman que ya lo hizo, que Carlos Latre imita a todo lo que pasa por ahí, sea persona, animal o cosa y que, miren por dónde, Manel Fuentes consigue llevar toda esta locura semanal sin que se salga de madre.



Piénsenselo, miren, comparen y si encuentran algo mejor…, es que son tontos.


Buenas noches, que se acaba la publicidad (bendita publicidad).

martes, 8 de noviembre de 2011

CÍRCULO VICIOSO

Parece que me quiera dar pena Zapatero, humillado y ninguneado por los que hasta hace poco le alababan y reían las gracias… cosas de la alta política. Pero en estas suelta eso de que los vascos han sido los principales protagonistas en el fin (¿fin?) de ETA y, claro, yo recuerdo  los terribles inicios de los años ochenta, y recuerdo las asambleas universitarias de San Sebastián (ahora Donostia) en las que los alevines socialistas clamaban contra todo y contra todos, pero de estudiar cero patatero. Y los recuerdo haciendo pasillos en la facultad y haciendo pasillos en la sede del partido, medrando, buscando un agujero por donde meter la mano o el pie, lo que fuere menester…



Y de esos pasillos salieron algunos de los actores principales y muchos de los figurantes de la tragedia de los últimos ocho años en España, y de entre ellos, el caso más paradigmático, el entrañable Pepín Blanco. Pepín, sin estudios conocidos. Pepín, sin experiencia laboral constatable. Pepín, con millones de kilómetros recorridos por sus particulares pasillos…, Pepín, a quien tantos kilómetros le han llevado hasta 30.000 millones de euros de presupuesto del Ministerio de Fomento para él solito (digo yo que alguno le habrá caído). Pepín, trapecista infinito que, en increíble cabriola, se aleja de su amado José Luis para caer en brazos de su amigo del alma Alfredo. Pepín, pues, inculto, vago, pelotillero, ladrón y, ahora, traidor a cualquier causa conocida. Pepín, yo te conocí en aquellos años, o conocí a los que en ti habían de devenir. Y te desprecié, y me aparté de ti, dejando, supongo, vía libre a lo que había de pasar. Pensé, pobre tonto, que con mi autoridad moral estaba a salvaguarda de todo.



Entonces me equivoqué, pero ahora desentierro esa misma autoridad para decirte: “José Luis, te lo mereces, te rodeaste de miseria y en la miseria te has acabado por hundir”. No me das pena, el círculo se ha cerrado.



Buen viaje.

lunes, 7 de noviembre de 2011

GUALQUIN DED

Está albototado el personal... con lo de las elecciones. Campaña electoral, precampaña, encuestas, noticias bomba y debates. Perdón, debate. el de hoy. Desde por la mañana no se habla de otra cosa y, en el breve trayecto de mi casa al trabajo la radio no ha dado tregua. Hasta Radio María (aquí hay una emisora que se llama así, en sus casas no sé), hasta Radio María, decía, ha dejado por un momento de lado a Jesucristo, a su madre y al resto de los parientes para centrar sus miras (más bien cortas, ¡qué paradoja!) en R&R.

Está alborotado el personal con lo de hoy, pero si recuerdan algo de mí en aquella primera etapa de bloguero independiente y provocador (más provocador que independiente) sabrán que yo no, que esto no es lo mío. Además, no veo el interés que pueda haber en ver cómo discuten una persona que imita de forma regular a José Mota y otro que no sabe si debe teñirse la barba de negro o raparse el coco a lo Hare Krishna. Ni los entiendo ni me interesan... ni creo que mi programa político (sí, yo también tengo uno) tenga cabida en sus intereses y, menos aún, en sus corazones. No, para mí son sólo sombras en las que apenas distingo los contornos. Son pálidos y difusos. Están como muertos aunque anden tiesos como ajos. Son los "gualquin ded" españoles.

Prefiero, también en eso, los americanos. Hoy en la tele toca "The Walking Dead".

Ya estoy nervioso.

domingo, 6 de noviembre de 2011

POR ACLAMACIÓN

Por aclamación..., buenas noches.

Por aclamación campamos por nuestros respetos.

 Por aclamación el fútbol lo ha inventado el Pep, por aclamación el juego no es tal si no se remite a la nueva liturgia tikitanesca, aunque la opción merengue haya osado asomar la cabeza del agujero. Por aclamación ser de izquierdas es mejor que ser de derechas (incluso entre estas últimas), aunque subir y bajar impuestos sean opciones iguales según convenga. Por aclamación el progresismo (hacia donde sea) es superior a la reflexión, aunque de tanto reflexionar en voz alta, las voces de los indignados hayan devenido en grito y violencia. Por aclamación el ateísmo es cierto y la religiosidad es falsedad merecedora de burla y escarnio, aunque bautismos, bodas y funerales sigan siendo punto de encuentro de casi todos nosotros. Por aclamación lo católico debe pedir perdón desde cualquier escondite y lo islámico debe ser, no ya respetado, sino elevado a los altares..., a no sé qué altares. Por aclamación la Primavera árabe es una opción respetable, y hasta apetecible y deseable, del cambio climático..., aunque la tiranía de Gadafi y la de los que vienen (y de los que están viniendo) sean parejas en designios y objetivos... (por aclamación su asesinato un accidente y su cadáver un peluche para Navidad). Por aclamación la mentira y el engaño, con una sonrisa.

Y, por aclamación, estoy aquí, de vuelta. Con las ganas justas, con las fuerzas mermadas y con el espíritu quebrado... (y lo que vendrá).

Pero aquí estoy, hoy 6 de noviembre (el 5 ya pasó), mañana... no sé... Ni si podré ni si querré.

Buenas noches, por aclamación.

lunes, 13 de junio de 2011

ENFERMO

Me preguntan si estoy enfermo, que llevo casi una semana sin decir nada (y eso extraña), si me pasa algo, que ni por político ni por lo social, ni por lo artístico ni por lo personal he dejado huella de aquello que mis conexiones neuronales hayan podido dar en conjugar verbos, adverbios y pronombres para solaz y entretenimiento de tanto bloguero fiel…, que también son ganas.

Así que voy al médico, al de verdad, al de la cosa orgánica y visceral (visceral de vísceras) y me imagino unos completos análisis de sociedad de prevención (M.A.Z., en mi caso). Y en mi imaginación no veo nada malo, nada fuera de sitio…, los triglicéridos bien, gracias, el colesterol de broma, como siempre, la urea y todo lo demás no sé lo que son ni para qué sirven…, pulmones, corazón, abdomen y extremidades varias como de toro de lidia (o de Minotauro si gustan más de la cita clásica)… En resumen, como para vivir cien años, si es que me apetece, que me parece que no.

Visto este fracaso en mi consulta al físico-barbero-cirujano de Noah Gordon se me ocurre revisitar a mis antiguos colegas de la cosa de la cabeza…, de las interioridades de la cabeza, quiero decir…, psicólogos y psiquiatras. Cuatro o cinco años estuve visitándoles. Alguno incluso creo que me visitaba a mí (“… Fulanito, estoy encantado de haberte conocido…”). Pero tampoco, mis tiempos del citalopram son ya sólo recuerdos de un pasado en el que aprendí (eso sí) que tendría que vivir conmigo y con las culpas de conmigo durante el resto de mi vida. Y lo aprendí bien…, así que tampoco es eso.

Es claro, si no padezco disfunción física alguna ni desorden mental de mínimo nivel sólo me quedaba el espíritu, el alma, el néfesch hebreo…, vamos, los curas. ¿Tendré una crisis de fe? (¿qué fe?, me pregunto), ¿mi esencia vital busca en vano un asidero en el vacío? (demasiado melodramático para mi gusto), ¿el Ángel de la Muerte me ha mirado a la cara como en En busca del Arca perdida? (ya quisiera yo parecerme en algo a Harrison Ford o a alguno de sus personajes). Así que las cosas no van por ahí.

¿Pues entonces?, si mi cuerpo (serrano él), mi mente (clara y clarividente) y mi espíritu (demasiado gastado para tener siquiera padecimiento alguno) no son la causa de este desasosiego antiliterario… ¿qué me pasa?, ¿por qué no puedo o no quiero mirar una hoja en blanco con ánimo de garabatear en ella cualquier majadería que a mi ego satisfaga y a ustedes ennoblezca?  Pues se lo voy a decir. Es por asco, por las arcadas que me vienen un minuto sí y otro también, por mi estómago revuelto, por mis tripas rellenas de bilis. Por asco, por asco y por asco. Un asco cuyos accesos vomitivos no se pueden comparar ni con la terrible imagen de una espina de pescado en mi garganta. Asco puro, asco total…, asco.

Nunca hablaré desde este estrado de sus causas, son sólo mías y de los que me conocen en persona…, pero quiero así agradecer el interés de alguno de vosotros (me permitiréis el tuteo en esta ocasión) que se ha interesado, si no por mi salud, al menos por los estragos que ésta pudiese estar realizando en mi actividad en la red. Gracias sinceras, y un saludo.  

P.D.: volveré en cuanto me den (mis vísceras) el alta, que seguro será muy pronto…, rezo porque vuelvan los tiempos felices…

miércoles, 8 de junio de 2011

EL TÚNEL

Sábato escribió sólo tres novelas: El Túnel, Sobre héroes y tumbas y Abdadón el exterminador. En su día leí las tres, y de las tres me quedaron dos sensaciones. La primera que ahí (en las tres) había algo interesante y la segunda… el túnel. No recuerdo nada más, salvo el apellido del protagonista de la primera, y eso por su parecido con el mío. Pero la idea de túnel arraigó en mí desde el primer momento o, mejor dicho, confirmó una idea largamente sospechada: nuestro inevitable aislamiento, la imposibilidad de tener una comunicación cierta y real con nuestros semejantes… La vida como un túnel, largo y oscuro, con apenas unos ventanucos de tanto en tanto que nos permiten avistar el túnel que discurre al lado del nuestro. “Nadie sabe lo de nadie” dijo un cura mejicano al ser interrogado sobre el porqué de sus actos pues resultó haber asesinado a una mujer con la que había convivido durante largo tiempo y se había quedado embarazada. De eso se trata, puedes mirarme fijamente a los ojos cuanto quieras, puedes estudiar mis actos pasados o presentes, puedes preguntar lo que quieras a quien quieras, que nunca sabrás de verdad que hay tras esa mirada…, nadie sabe lo de nadie…

Pero esto es filosofía y cansa. Salvo algunos profesionales de la tabarra y algún que otro pirado como yo que disfruta flagelando su espíritu con profundas preguntas sin respuesta, el público en general no quiere saber gran cosa de la metafísica y así. Preferimos pensar que sí, que nos entendemos, que podemos contactar unos con otros. ¡Ojo!, no todos los unos con todos los otros, no exageremos. Pero sí que podemos dar por sentado que ciertos parentescos y ciertas amistades están un paso por delante, que ellos sí, y, claro nosotros con ellos también.

Y la farsa, el engaño, funciona aparentemente bien hasta que un día salta en pedazos. Ocurre algo que nos dice que no…, que la cosa no estaba tan clara, que donde parecía haber un vado aparece un abismo imposible de franquear. Un mal gesto, una mala respuesta, una frase equivocada y…, fin, de vuelta al túnel.

Y ahí estáis, asomados a los ventanucos… Yo os miro desde el mío.

martes, 7 de junio de 2011

SALTO AL VACÍO

No leo periódicos, no al uso. Tan apenas me fijo en unos cuantos titulares y, de vez en cuando, en la columna de algún opinador de los que me caen en gracia (unos pocos). Pero la letra pequeña me cansa en general. Será porque no comparto casi nada de lo que piensa la mayoría, será porque sobran la mitad de las palabras o será (casi seguro) porque ya hace algún tiempo que sin gafas no veo nada y la presbicia y mi sentido de la estética y la comodidad no encajan bien.

Por eso tiene más mérito que hoy haya ido a fijarme en esa letra pequeña de un tal Stéphane Hessel (un francés viejo viejísimo desconocido para mí) cuando dice, entre otras tonterías: “… jamás las acciones violentas…, revolucionarias…, podrán hacer progresar a la historia…”. ¿Ah, no? Vaya por Dios, y yo que me hacía cuentas de que todos los saltos que la Humanidad ha dado a lo largo de los siglos se han apoyado, de un modo u otro, en una espada. Desde los sumerios y más allá hasta los romanos (y más acá), desde los godos a los árabes, de los españoles a los ingleses…, desde los franceses que revolucionaron absolutamente todo…, americanos, rusos, chinos… ¿Quién sabe de un solo paso hacia delante que se haya dado pidiendo disculpas al vecino? Yo no. Yo sólo sé de pasos dolorosamente violentos, como ya decía el doctor Malcolm, experto en la Teoría del Caos de Jurassic Park.

Claro que en ocasiones estos pasos son no sólo violentos y dolorosos sino auténticos saltos al vacío. Pero esto se da únicamente cuando surge el individuo por encima de la masa. Aníbal dio un salto al vacío al atravesar los Alpes con la esperanza de pillar a los romanos por la retaguardia. Pudo salirle bien, pero le salió mal. Julio César dio un salto al vacío tan monumental que se saltó la República y puso las bases del Imperio. Pudo salirle mal, pero nos salió bien. Mahoma dio un salto al vacío hasta la siguiente duna y le salió…, rana, más o menos. Felipe II intentó saltarse el Canal de la Mancha y casi se ahoga. ¿Y si su salto al vacío hubiese salido bien? Enrique VIII dio un salto al vacío de la mano de su verdugo de guardia y el Imperio Británico aún está agradeciéndoselo (supongo). Napoleón dio una serie de saltos al vacío por toda Europa que le llevaron hasta la isla de Santa Elena, pero entre salto y salto algo se le fue desparramando por todas las tierras que pisó, algo que aún recordamos hoy en día. Los alemanes, más torpes y cuadriculados ellos, pero más perseverantes dieron tres saltos al vacío en el pasado siglo, dos fueron guerras (la del Káiser y la del Führer), pero a la tercera fue la vencida, aunque le pese a algún pepino. Hay lugares en los que tras el salto al vacío propiciado por su líder aún siguen cayendo pero no lo saben, como en Corea, la del norte, pero eso es otra historia.

Y así todo. Lo que no ha sido un proceso doloroso y violento pero vivo y animado, ha sido una iniciativa más o menos personal con un mayor o menor éxito o fracaso. Pero, en todo caso, las consecuencias, buenas o malas, nos han afectado a todos…

Claro que para salto al vacío, absurdo, loco e inconsciente, el de mi cuñado ayer en Zaragoza. Obviando mil objeciones, entre las que su edad y nivel de torpeza no son las menores, dio en intentar una pirueta magistral en su acceso (fallido) a un vagón del nuevo tranvía que recorre de norte a sur y de sur a norte la capital de los aragoneses de primera (los de Huesca son de segunda y los de Teruel, existan o no, de tercera). El caso es que tras un épico vuelo provocado por un previo tropezón en una vía férrea que, cual Holandés Errante, pasaba por allí sin saber muy bien por qué, terminó por desparramarse por el suelo, él junto con todos sus huesos, poniendo por delante no la cara, que hubiese sido lo más cristiano, sino el esternón, que me parece a mí cosa mucho más tonta e inútil hasta para intentar rompérselo.

Pero el caso es que voló, con gracia y donosura, y cayó, con estrépito y escándalo de pasajeros y viandantes. Y en el suelo quedó, roto y magullado en su cuerpo y en su espíritu, que ya no estamos para ciertas cosas, Pepe.

lunes, 6 de junio de 2011

¡AY, DIOS MÍO...!

“¡Ay, Dios mío…, prefiero no pensar!”

Si una frase puede definir a una persona de un solo golpe ésta es perfecta para mi madre: “ay, Dios mío…, prefiero no pensar!”…, y a otra cosa…, que puede ser desde seguir pelando unas patatas hasta marchar alegre a tomar el sol a la playa de la Concha, pasando por corretear por mil calles buscando un supermercado en el que ahorrar cinco duros (claro, mi madre es de la peseta) en la compra del día…, o de la semana o del mes, que da igual, que cinco duros son cinco duros…. Más cosas: mi madre tiene 85 años y vive sola en San Sebastián, y le apetece regular que nadie vaya a vivir con ella…, si acaso de visita. Así que la frase de arriba, en boca de mi madre, no es la frase de una persona cobarde o pusilánime…, es la frase de una superviviente. Y no saben hasta qué punto. Y algo de mérito tiene Dios en todo eso, aunque sólo sea el haber prestado su nombre para la jaculatoria.


“Yo voto al PSOE porque soy un obrero nato”

Esto me contestó un conocido mío (prácticamente no tengo amigos, pero sí muchos conocidos) cuando le pregunté por la cuestión pocos días antes de las últimas elecciones. Y me contestó con auténtica sinceridad, y un punto de agresividad, no en vano tengo fama de facha entre mis conocidos. Normalmente soy bastante rápido de cabeza, pero no en esa ocasión…, no supe qué contestarle. Al fin y al cabo él tenía razón. Se consideraba no sólo obrero, sino obrero nato. ¿Cómo debatir frente a tanto convencimiento? No hay más que pensar…, quieras o no. El dios de la política no genera gentes cobardes ni valientes, sólo ignorantes.


“Insh’allah”

Aquí no hay nada que decir, nada que comentar. La traducción del árabe sería: “si Dios lo quiere”, pero el significado real, el de a pie de calle es: “con semejante excusa, ¿para qué ocuparme o preocuparme de nada?” Y si no miren esas caras ocultas tras barbas tan profusas que podrían rodear el castillo de la Bella durmiente con la total seguridad de que esta vez el Príncipe Felipe no llegaría a despertarla. ¿Qué hay allí? Pues una vida que para mí la quisiera…, sin dudas de ninguna clase…, todos los problemas resueltos de antemano…, los castigos claros, los premios…, pues eso, el Paraíso…, pero… ¡qué Paraíso!...: un serrallo perpetuo, un harén de primera clase…, o de última, según los gustos…, una barra de bar de aquí a La Meca…, un sofá delante de una televisión en la que sólo ponen fútbol y pelis de Stallone y Swarzenegger…, y todo gratis y sin sensación de hartazgo (para los que pudieran llegar a tenerla, claro está). ¿Y las mujeres?, ¿qué hay de las mujeres? Yo no entiendo mucho de eso (de mujeres quiero decir) pero me parece que tras esos sayones se esconde piernas que no se han depilado desde los tiempos en los que a Favila se lo comió el oso (el de Favila), y quien dice piernas dice lo que ustedes quieran pensar… (mejor no), y bajo esos tocados el pelo debe de ser más o menos como el de Medusa, pero con cucarachas en lugar de serpientes…, y así todo. Con lo que no me queda otro remedio que pensar que este dios lo que genera es unos vagos de tomo y lomo (y ultracuerpos).


¿Y ustedes? ¿Qué frase tienen?

domingo, 5 de junio de 2011

MI PLANTILLA

Hay entrenadores partidarios de tener plantillas numerosas que les salvaguarden de cualquier contingencia a lo largo de una temporada. Los hay que, por el contrario, las prefieren cortas (más reducidas en el argot futbolero) para no tener que lidiar con el ego de chavales, imberbes y malcriados las más de las veces, en cuyo caso se encomiendan a la cantera (los que la tienen) o a la Virgen de los Remedios (los que creen en ella).

Porque todos, unos y otros, se encuentran siempre en manos del azar cuando se presenta el mayor de los enemigos (después del árbitro): la lesión. Ay amigo, meses de planificación, miles de horas de vídeo, entrenamientos y gimnasios pueden quedar en nada si, pese a tanto esfuerzo y dedicación, tanta planificación de lo por venir, surge el avatar menos deseado y más temido…, la lesión, pero no cualquier lesión, sino la grave, la de rotura de algo gordo o así. Y ahí estás tú, entrenador de postín, filósofo de la estrategia, gurú de la táctica, inventor definitivo del juego…, con cara de tonto porque, sin tener culpa alguna, alguna de tus piezas más valiosas se ha roto para un tiempo indeterminado…, normalmente largo.

Y ahí estoy yo, entrenador en-jefe, bloguero cum-laude, líder de todo aquel que se me acerca y del que no…, compungido y abatido porque mi plantilla de seguidores (corta de por sí) se ha visto repentinamente sacudida por una plaga de lesiones variadas entre las que destaca una: la ignorancia en el manejo de eso llamado “redes sociales”. Porque resulta que alguno de los miembros de mi equipo no sabe cómo insertar comentarios en esto del blogspot.com…, y yo... tampoco. Y tras consultar con mi equipo médico habitual hemos decidido que sólo nos queda una solución: pedir ayuda.

Y eso hago hoy, pedir ayuda.

¿Puede alguien enviarme una serie de normas como para burros en las que me explique cómo hay que hacer para insertar un simple comentario?, ¿qué significa eso de perfil?, ¿cómo hacéis los blogueros veteranos?

Por favor, daos prisa, se trata de una emergencia. Es una auténtica epidemia de ignorancia que incluso me está alcanzando a mí.

¡Socorro!                                             (Pago bien)

sábado, 4 de junio de 2011

¿Y SI...? (Esa mala costubre...

… que tenemos todos de pensar que si las cosas han sido hasta ahora de una manera, ¿por qué habrían de cambiar?). Pueden aplicarlo a lo que quieran porque ahí está… Una confesión, no hay cosa que más de los nervios me ponga que cuando, en el trabajo (en el mío), pregunto acerca del porqué de esta o aquella manera de hacer algo se me responde: “Siempre se ha hecho así”. Debo de ser tonto porque, inevitablemente, cuando escucho esa frase me quedo mudo, mi capacidad de respuesta pasa del 2,7 (o donde quiera que la tenga) al cero absoluto, aquel del señor Kelvin, el menos doscientos setenta y tres de los centígrados. Y claro, me quedo frío. Es esa mala costumbre de pensar que el curso de las cosas es uno e invariable, que es posible que podamos asistir a algún que otro vaivén, pero que la realidad, tozuda como un tentetieso, siempre ha de volver a su posición natural..., y ahí estamos nosotros, tan pimpantes, con cara de poder con todo, pero con el íntimo convencimiento de que no hará falta que hagamos nada…, y nada hacemos, salvo esperar y dejar pasar el tiempo.

El ejemplo de mi trabajo (y del vuestro, estoy seguro) es bueno, pero limitado. En realidad podríamos hablar del trabajo de todos y, por extensión, de todo de todos. Pero no adubo  (no alcanzo) a tanto, mi cabeza no llega tan lejos, así que me limitaré a algo tan feo y prosaico como la economía. ¿Crisis?, “¿qué crisis?”, dijeron algunos. Y nosotros se lo afeamos: ¡Qué irresponsabilidad!..., ¡nos van a hundir!..., ¡hay que salvar el barco!... Y lo hicimos con total convencimiento y cargados de razones de tanto peso como para hundir cien veces el Titanic… Pero, en el fondo de nuestros corazones con una razonable seguridad de que tarde o temprano las aguas han de volver a su cauce y nuestras preocupaciones se retirarán a sus cuarteles de invierno en espera de la siguiente ocasión.

Pero…, no sé. Vale, los libros de historia han contado todo sobre el batacazo de 1929, y sobre la destrucción hallada en 1945, y sobre el resurgir posterior, y el crecimiento desaforado, y a vuelta en los 70 con la crisis de petróleo, y otra vez para arriba, y la teoría de los ciclos, que si los grandes ciclos de 50 años, que si los pequeños ciclos que subyacen sobre las ondas de los primeros, y arriba y abajo, y una vez y otra…, hasta el infinito y más allá, que diría mi querido (cuñado) Buzz Lightyear (…no se hacen idea de cuánto se parecen…).

Pero…, no sé. Algo me ronda en la cabeza, como el runrún de Cruz y Raya, si lo pueden recordar. Como un rumor sordo y lejano que parece acercarse por las noches, cuando el mundo duerme tranquilo en su ignorancia…, como debe de ser el silencioso aviso de un tsunami… ¿Y si esta vez fuera distinto?, ¿y si algo gordo, pero gordo de verdad, estuviese a punto de pasar?, ¿y si todo lo que damos por seguro se pudiese realmente venir abajo? John Connor se lo dice a la que, sin saberlo aún, acabará convirtiéndose en su esposa: ¿Cómo te sentirías si supieses que todo lo que das por sentado en tu vida no va a durar?

¿Cómo nos sentiríamos nosotros, que ni siquiera tenemos a un Terminator bueno a nuestro lado para protegernos?

¿… y si lo de Grecia, Irlanda y Portugal no fuese una broma de mal gusto en nuestras asentadas vidas…?

¿Y si…?

viernes, 3 de junio de 2011

LA LISTA

Una lista interminable, a eso se asemeja la vida. Ya antes de nacer nos incluyen en varias. La primera breve: ¿será niño o niña? La siguiente infinita: ¿qué nombre le ponemos a la criatura? Aquí la lista se eterniza por una doble vía: la enorme variedad de nombres de nuestro santoral (y no tan santoral) y por la también enorme variedad de familiares y amigos aconsejando la perfecta denominación (que habitualmente coincide con la propia).

Después entras en otras listas: la de vacunas (considerable), la de colegios a los que optar (no tan…), la de actividades extraescolares que, en muchos casos, sirven principalmente para el alterne de padres y madres…, la de “Progresa adecuadamente” o los temidos “Puede mejorar” de los primeros boletines de notas (los PA y los PM son cosas de la modernidad, a mí me ponían directamente Ceros patateros y algún que otro Cinco…, listas.

Más tarde llegan las listas de amigos (y amigas) de tu pandilla: tú sí, tú no…, las de fiestas y sábados noches a los que sobrevivir, las de besos robados o besos imaginados, las de los auténticos (los menos), las de los rincones oscuros…, listas y listas. Listas de peleas y desengaños, de verdades, de mentiras…, de decepciones…, de años, de temores, de tanatorios…, de muertos. En fin, las listas de la vida, que son muchas.

Pero, para mí, ninguna como la lista pública y publicada de las notas del último examen del último curso de tu última carrera. Para mí fue en un septiembre de 1.985, una lista de 15 nombres (15 entre 300)…, y mi nombre estuvo allí. Y lo que más recuerdo es la sensación cierta de que era la última vez, que nunca más estaría en una lista como esa, que, ¡por fin!, todo había acabado. Y había acabado. Jamás he vuelto a pasar por aquello…, me he cuidado mucho de hacerlo.

Así que toda mi compresión y todo mi apoyo a los pobres estudiantes de hoy en día. Porque por más frases razonables y más consejos que queramos darles, la única verdad es que ante es lista (pública y publicada) ellos van a estar solos.

Va por vosotros…, y por este maldito mes de junio que tanto iguala a las personas en esa edad en que se busca un agujero por el que colarse en la vida adulta.

jueves, 2 de junio de 2011

UN SUECO EN ZARAGOZA

Los últimos dos días no he leído ningún periódico más allá de algún insulso y poco inspirador titular. Ni siquiera periódicos deportivos, acabada la liga de fútbol el interés decae notablemente, ni las aventuras del Kun me motivan lo suficiente, Nadal no parece estar para muchos trotes ni yo para sufrimientos innecesarios, y el ciclismo sin Armstrong ya no es lo mismo. Pero no es la falta de sustancia de estos días lo que me ha apartado de sus páginas sino las dos tardes toledanas que, desgraciadamente, me ha tocado pasar en el servicio de urgencias del Hospital Miguel Servet de Zaragoza. Los motivos son lo de menos, ahí están, remitiendo, espero…

Estoy seguro que a todos les habrá tocado lo mismo en alguna ocasión… Entras con un familiar en apuros, te diriges a un mostrador de admisión y… ahí acaba todo parecido con lo que la gente en general (y yo el primero) cree que debe ser el funcionamiento de un servicio público de la dimensión e importancia de la sanidad pública. El Hospital Princenton-Plainsboro se queda en la calle, House y su equipo de encantadores y eficientísimos médicos son puro atrezzo, los medios (la pela) brillan por su ausencia (conseguir que te hagan una ecografía requiere grandes dosis de paciencia y dolor previo)… Únicamente el culo de Cuddy –la directora- puede ser que se nos aparezca… sin nos fijamos mucho.

Entras a una hora, a una cualquiera, haciendo cuentas de que menos de cinco de espera no te las quita nadie…, y eso en el mejor de los casos. El paciente tiene silla de ruedas (desvencijada, las más de las veces) pero el acompañante (sólo uno por paciente, pero multiplicado por diez) no tiene ni un trozo de pared en el que apoyarse, matarías por una silla (yo, de hecho, intenté robar una de un Box). La megafonía no para de llamar… a los demás, nunca suena tu nombre. Los nervios hacen mella en tu paciencia y en la de los demás, lo cual es una suerte porque proporciona curiosas escenas que te ayudan a pasar el rato… Claro, siempre está el experimentado que no se cansa de anunciarte esperas aún más largas e incomodidades que tú nunca habrías podido imaginar.

Todo esto genera una justa indignación que te lleva a imaginar terribles venganzas contra todo el sistema (sanitario o no) y contra sus agentes particulares: enfermeros, médicos, los de seguridad, señores de la limpieza… Todos están implicados en una complicadísima  conspiración (todas lo son) cuyo único objetivo es hacerte pasar el peor, con diferencia, rato de tu vida. Bueno, pues imagínense todo esto cuando, aparte de la preocupación que te genera el motivo que te ha llevado a semejante lugar, además de todo, eres una persona nerviosa e impaciente cuyo mayor lema es la puntualidad. Imagínenselo y piensen si no tengo razón al hablar de tardes toledanas…, o de toda Castilla La Mancha.

Pero…, amigos, inevitablemente llega el esplendoroso momento de la salida…, con tus informes, tus pruebas clínicas, tus recetas…, tu vida recobrada en un momento… Y todo se desvanece, las horas de tormento se desdibujan, miras a tu alrededor y sólo ves sonrisas amables en todo el personal del servicio, todo parece más limpio y más bonito. Incluso el resto de pacientes parecen comparsas de una divertida comedia en la que has estado viviendo y, ¿por qué no decirlo?, disfrutando durante unas hermosas y llenas de vivencias horas de tu vida… Te vas, y te vas agradecido.

Y, claro, defenderás a todo y a todos por encima de cualquier crítica. Estás de su parte. Por arte de birli-birloque te has transmutado en sueco. Ya no estás en Zaragoza. Has salido a las calles de Estocolmo.

Es el síndrome, ya os hablé de él. A todos nos pilla.

miércoles, 1 de junio de 2011

KUATO (o "¡Arde el Liceo!")

Es moda y es verdad. El descrédito de la clase política es total. Sus miembros se han convertido en presuntos culpables, sospechosos habituales, auténticos goodfellas, para lo que nos ocupa, extraterrestres, en resumen…, marcianos.

Y no digo marcianos porque sí, ni pienso, al decirlo, en hombrecillos verdes con trompetillas en lugar de orejas y apéndice nasal. No, me refiero a gente venida de Marte, el cuarto planeta solar, el rojo (esto no va con segundas), el de los canales (esto tampoco), el que, parece ser, tuvo vida en una época hasta que decidió escupirla aquí. Porque los niños vendrán de París, pero los políticos vienen de Marte. Y tengo pruebas de lo que digo. Concretamente dos: Schwarzenegger y Kuato. El primero pasó de los mamporros y mutantes raros de “Desafío total” al gobierno del California, de donde acaba de salir, ¡ojo, no por mala praxis sino por pichalarga! (más o menos). En cuanto al segundo, decidió emigrar, pero en lugar de hacer las Américas pensó que mejor hacer Els paisos catalans y, disfrazado de Jordi Puyol, vino a nosotros en sustitución de aquel otro llegado desde las pizzas y el fuet: Tarradellas.

Y Kuato (en adelante Puyol) gobernó y nos gobernó desde la sombra (la poca que daba, la verdad, que no levantaba gran cosa desde el suelo) durante mucho tiempo hasta que un día se vio obligado a salir a la luz. Y lo hizo lloroso, tierno, suplicante… El Liceo, símbolo de la más profunda Cataluña burguesa, había estallado en llamas por un cigarro mal apagado (¡ah, los peligros del tabaco!) y amenazaba con su total desaparición. Y así, con lágrimas en los ojos y mocos colgando de la nariz, se nos presentó Kuato (que no, que es Puyol) para recordarnos que 1994 no quedaba tan lejos de 1992 y nuestra generosidad españolista debía tender una vez más la mano.

Y como en la vida todo se repite (y en la vida política ni te digo) se nos aparece ahora el fantasma de Kuato (Puyooool…) encarnado en su discípulo Arturito Mas que ha dado en pedir, ¿qué digo pedir?, ¡exigir! que el Gobierno Central les pague algo así como la mitad del exceso de déficit que sufre la Generalitat para poder adecuarse a los límites previamente establecidos para todos. Y lo hace con el argumento de que, al fin y al cabo, ese déficit excesivo lo produjo un gobierno anterior –el tripartito- que, no se puede negar, estaba mandado por un partido español. Vamos, que nos echa la culpa.

No me negarán que esta es la tercera prueba de mi tesis…, marcianos o mascianos es casi lo mismo.

¿O no?

EL PEPINO ATÓMICO

¿Es involución?, ¿es deriva hacia la autarquía?, ¿es un regreso a los cuarteles de invierno de los más profundos sentimientos nacionalistas?, ¿es el fin de Europa?..., ¿tuvo alguna vez Europa un principio?

No lo sé. Ni siquiera estoy seguro de que signifique nada pero soy desconfiado ante las casualidades y, en todo caso, no podía desaprovechar tan magnífico título: El Pepino Atómico. Casi parece un personaje sacado del universo Marvel, de aquellas viejas ediciones Vértice (aún conservo algunas). Pero no es el universo Marvel, es el universo Merkel, de Ángela Merkel que, cual nibelungo Profesor X, mueve de aquí para allá a sus superhéroes en lucha por la supervivencia de su mutante raza. Y de entre todos sus discípulos sobresale uno: El Pepino Atómico, personaje singular surgido de la exposición casual de un pepino español (moribundo de e-coli) a la radiación nuclear derivada del escape radiactivo que se produjo en una central nuclear azotada por un terrible tsunami que asoló toda la ribera del Rhin. ¿No les parece que encaja bien? También podría haber resultado de una extraña mutación de nuestro querido Pepín Blanco, pero de esto no tengo pruebas, todavía...

Sea como sea, la señora Merkel (Marvel, si lo prefieren) se ha embarcado en un extraño viaje en zig-zag: ahora soy europea-ahora no, ahora soy ecologista y vegetariana-ahora no, ahora ayudo a los débiles-ahora les jodo, … Está en su derecho pero…

Sólo dos avisos. El primero: si cierras las centrales nucleares y no consigues (que no lo conseguirá) reducir el consumo de electricidad tendrás que quemar más de lo que sea (con destino al invernadero mundial) o/y (y/o) comprársela a los franceses que tiene ahí al lado, a tiro de piedra, todas las centrales nucleares que les hacen falta más todas las que no queremos los demás. Saque usted las cuentas, Frau Merkel.

El segundo (y no menos importante): si no compra los pepinos españoles, y dado que no creo que se vaya a poner en manos de los franceses también en esto, no lo quedará otra que comprarlos en Marruecos. ¡Pero ojo, que los pepinos magrebíes vienen con sorpresa detrás y a la que te descuidas te los han emplumado!, el pepino y la sorpresa (Goytisolo lo podrá asesorar en estas lides).

Sé que el comentario es un tanto homófobo y anti-Alianza de las Civilizaciones, pero es lo que hay.

Yo por si acaso no me acercaría mucho por allí en los próximos meses.

Por Alemania, digo.  

lunes, 30 de mayo de 2011

PRE...

Me cae mal Contador. No me gustan los que se rebelan contra el líder cuando éste lo es por méritos propios. Me suena a envidia cochina, y creo que eso es lo que sentía (y siente) Contador por su jefe, Armstrong. Yo soy de Armstrong… Así que como me cae mal (Contador) declino otorgarle la cabecera como en un principio las musas me inspiraron. Además, tampoco encajaba bien, porque no era de él de quien quería hablar sino de la circunstancia que le rodeó en el momento de su proclamación como vencedor del Giro de este año: … el himno nacional español con letra…, pero no con la letra del concurso de hace tres años sino con la anterior (y poco exitosa, la verdad) de José María Pemán.

No entraré a valorar el gesto del ciclista en esos momentos, gesto que ha sido catalogado como de sorpresa e indignación (o casi) y que a mí me pareció de no me entero de nada, a ver cuándo se acaba esto que tengo ganas de irme al hotel…” De lo que quiero hablar es del general …¡rasguémonos las vestiduras…, han usado un símbolo PRECONSTITUCIONAL!… Porque sí, la letra que Pemán compuso para acompañar a la Marcha Real es preconstitucional, pero es que también es prefranquista, y ¡pásmense!, también es prerrepublicana (ahora resulta que antes de la república, perdón, República, ya existía el mundo con todos sus adminículos)…, …, es que fue un encargo del general Primo de Rivera en la época de la Dictadura (la suya, la de Primo de Rivera). Vamos, que es de la época del Charleston y de Josephine Baker haciendo chiribitas con los ojos (¿se acuerdan?)…, de los años veinte, felices veinte por lo que dicen.

Y aquí estamos, pasados 80 o 90 años, desmayándonos por las aceras porque un señor (bastante pesado, por cierto) de aquella época tuvo a bien (y a bien pagado, me supongo) ponerle unas estrofillas de mayor o menos exaltación patriótica a una cancioncilla que, por lo demás, parece no necesitarla. Y aquí estamos, con el himno y la bandera a cuestas, que también nuestra enseña patria tiene su aquél dependiendo de si en el escudo hay un águila o un cernícalo, o unas columnas o unos postes de teléfono, o una corona, o una coronita, o una san miguel…, y así la tachamos de constitucional o no, o preconstitucional, o, directamente, ilegal…, aunque curiosamente nunca se hace referencia a tal característica cuando sindicalistas e izquierdosos varios hacen gala de la otra, de la tricolor, la republicana, la que, miren por dónde, esa sí que es preconstitucional, y muy ilegal, que atenta contra uno de sus primeros artículos, el de la Monarquía y todo eso.

Y con todo eso estamos, y con todo eso y más estoy yo, que acabo de caer en la cuenta de que, ¿quién lo iba a decir?, también soy preconstitucional…, concretamente del 58.

Estoy acabado. No tengo perdón.

domingo, 29 de mayo de 2011

ESTOCOLMO

¿Os acordáis? Fue en 1973, el año del vuelo de Carrero Blanco…,  en un atraco a una sucursal bancaria de la capital sueca. Resultó que ni los Hombres de Harrelson de aquellos lares pudieron convencer a cuatro de los rehenes (porque hubo rehenes) de que aquellos delincuentes que les habían retenido durante 6 días eran unos malotes. Se negaron incluso a colaborar en el proceso legal subsiguiente. Claro, diréis, eran suecos, y ¿quién se puede extrañar de semejante reacción en gentes que parecen tener menos sangre en el cuerpo que un mosquito en ayuno por Viernes Santo? Y sí, eran suecos, pálidos –que no palúdicos- mosquitos, pero el caso es que al años siguiente 1974 (sin vuelo alguno que yo recuerde, aunque alguno habría, casi seguro), en los nada sospechosos de padecer anemia EE’s-UU’s, se produjo otro secuestro y otra contrarreacción del secuestrado. En esta ocasión llegó incluso a echarse al monte con sus recién encontrados mejores amigos de toda la vida y, durante una temporada, montaron juntos una serie de performances en los bancos y cajas de ahorro de aquellos lugares. Parecido a lo de los suecos salvo por la popularidad del segundo(a) protagonista: Patricia Hearts, rica heredera y pija-pijísima a lo Paris Hilton, pero con menos gracia personal…, un drama… Sea como fuere, entre los mosquitos de la primera historia y la cigarra de la segunda se montó un cuento (posteriormente verificado como real) que se dio en llamar “Síndrome de Estocolmo”. Vamos, que si te dan una torta en público y, tras sesudas meditaciones, decides darle tú otra al pobre desgraciado que pasa por tu lado, pues eso, que ya tienes diagnóstico: no pasa nada, es que te ha pillado el Síndrome de Estocolmo.

Y Síndrome de Estocolmo (o de Ferraz, si hemos de asignar las responsabilidades por una cuestión geográfica) le ha “dado” a Carmen (miren, paso ya de intentar dilucidar si es Carmen, Carme, Carma o Karma…, y de la pronunciación menos aún) Chacón cuando, después de anunciar llorosa que pasaba de las primarias, que era por el bien del partido, del jefe y del gobierno, sí, pero que algo había habido…, después de que ayer mismo la viésemos con gesto serio y circunspecto en el Comité Federal del PSOE aplaudiendo a los benefactores (la ceja y el anís del mono) de su caída con gesto de “ya os pillaré…, en la calle os espero”…, nos desayunamos hoy con laudatorias y halagadoras declaraciones refiriéndose al amigo Rubalcaba como la persona más esto… y más aquello que el Partido pudiera necesitar.

¿Es o no es síndrome? ¿Has visto la luz camino de Damasco? ¿Has rehecho tus cálculos o alguien ha añadido algún cero a tu cuenta política?..., …, … ¿Estás en Estocolmo o estás en Madrid?

sábado, 28 de mayo de 2011

DESFILANDO

Me llama la atención en El País de hoy un artículo de opinión (¿se dice así?) de Juan Arias, a quien no conocía de nada o, si lo conocía, lo había olvidado, en el que diserta sobre los ateos, el ateísmo y su relación con la existencia de Dios, todo ello al pairo de aquellas famosas procesiones de ateos de la última Semana Santa, que no sé si llegaron a producirse… Y por motivos tanto religiosos como políticos y hasta filosóficos se declara ferviente partidario de su celebración (no sé a qué viene hablar de esto al final de mayo, pero bueno, ya que saca el tema, acepto el envite…)

No digo ni que sí ni que no, me da bastante igual. De hecho soy costalero en una cofradía del Nazareno más por motivos folclóricos que religiosos. Salgo en las procesiones oculto tras mi capirote y mis pensamientos más íntimos, pero lo hago con absoluto respeto. Y ahí va el primer matiz: los actos humanos no son buenos ni malos, lo son sus motivaciones, y dudo mucho que una procesión de ateos tenga motivación más allá de la burla y el escarnio de los creyentes…, o de los que simulan serlo. Fuera de eso, por mí como si se manifiestan vestidos del gallo Quirico.

El segundo matiz viene dado por Dios mismo, que, se mire como se mire, no hay sólo uno, que si hubiera sólo uno ya sería de tontos matarnos unos a otros por la misma cosa… Así que no habiendo sólo uno (y además cada uno de esos uno tiene un sacutón de nombres) habría que aclarar si nos referimos a alguno en concreto (que yo creo que sí) o si se trata de que cualquier ateo de cualquier Dios pueda procesionar haciendo público su rechazo al mismo… Ojo, que se puede montar la de Dios, y no es un juego de palabras.

Y, para acabar, el tercero. ¿Valen sólo los dioses al uso?, ¿se puede ser ateo sólo de Yaveh, Jehová, Allah, Manitú, Odín, Zeus, Osiris, etc.?, ¿o se puede apostatar públicamente de los abstractos dioses de la modernidad? ¿Podemos?, ¿se puede renegar del dios por excelencia de los tiempos actuales?... ¿Puedo hacer acto de no-fe en la Democracia (real o ficticia)? ¿Y si desfilamos…, pongamos por caso, treinta y seis personas por la calle principal de donde sea reclamando la vuelta de la tiranía, o de la oligarquía, o una simple dictadura?

Nos matan…, así que mejor que no haya procesiones de ateos. Lo digo por si acaso.

EL TIEMPO

¡Ay, qué miedo! Mejor no digo nada.


                           (Dedicado a los héros de Fukushima)

viernes, 27 de mayo de 2011

A GÜEVO

Perdón por la expresión. Ya comprendo que no es propia de un aspirante a genio del comentario socio-político diario pero es que es así como lo siento: me lo han puesto a güevo.

Andaba yo husmeando en periódicos y telediarios (nunca escucho la radio) a la caza de alguna idea mágica que desarrollar en estas líneas…, dudando entre recurrir a Gadafi (siempre da mucho juego, aun cuando hace días que no sé nada de él…, en persona…) o comentar algo sobre Mladic y esas terribles imágenes de los prolegómenos a lo que sería la terrible matanza de Srebrenica, cuando semejaba ser sólo un buen hombre preocupado por el mal que les pudiese acaecer a aquellos ocho mil desordenados bosnios…, o ir un poco más allá (más acá, en realidad) y comentar lo oportuno de su detención justo ahora que el gobierno de Belgrado parecía en el punto de mira internacional por su reticencia en la localización del pollo éste (… punto de mira de la UE y del FMI…), o quizás diletar sobre los pasitos p’alante y pasitos p’atrás de esa regeneradora de la eterna Yenka hispánica (lo de la Yenka no es mío, es de la más inteligente de mis inmerecidas seguidoras)…, ¿y Telefónica, que va a obtener más de 800 millones en plusvalías con la salida a Bolsa de su filiar Atento mientras planea despedir a más e 800 españoles (la cuenta sale fácil)?…, o volver, quizás, a rematar a Valdano (lo del remate como expresión futbolística está bien traído, hay que decirlo) como personaje eterno, puesto que habla desde la eternidad y hasta ella se dirige sin llegar nunca a decir o hacer nada de mérito, lo cual es ya un mérito de por sí…, …, andaba, en fin, tras alguna cosa que llevarme al teclado (en el siglo XVI hubiese dicho algo así como “… en búsqueda de alguna pluma que el viento trajese para inspirar y maldecir del ajado instrumento que en mis manos hallaba...”, pero no es éste el Siglo de Oro sino el de la Informática…) cuando ha venido en mi auxilio eso, mi propio siglo, con una pantalla de televisión en la que las imágenes de la barcelonesa Plaza de Cataluña ilustraban una voz en off que informaba del desalojo de la acampada del 15-M por parte de los Mossos, plaza de Cataluña dominada en una de las fachadas que la conforman por una gigantesca bandera culé…

… que vale que valga todo, que la rebeldía es fetén cuando está bien integrada y controlada en una burguesía tan burguesa como la catalana, que está muy bien que, ya que han dado la coña durante la campaña electoral, y ya que no han ayudado nada a la causa, que se queden ahí, como mosquito coñazo en las espaldas de los peperos (“¿a ver qué sabéis hacer, listillos?”), que un turista capaz de aguantar un trayecto completo de las Ramblas bien se merece la gloria de acompañar con palmitas al aire unas cuantas consignas bienintencionadas de un grupo de bienintencionados progres de los dosmiles y pico, que todos somos el 15-M y salimos en la tele más, que todo está muy bien y que todo lo comprendemos pero…, ojo, ojo, que el sábado es la Champions y, casi seguro, vamos a guanyar-la, y que hay que celebrar-la, y que Sant Jaume está cerquita y collons, no anem a joderla, y que Pep estará molt maco, y que hasta aquí hemos llegado (fins aquí hem arribat)…, … Claro que habría que saber qué les importa más a los quinceemeros, si su propia acampada o la hipotética celebración… Y digo “hipotética celebración” porque ese es el motivo textual que han dado en el Ayuntamiento de Barcelona para la limpieza (también textual)… El caso es que, al abrigo de lo de Barcelona, en toda España han aprovechado para exigir el desmantelamiento de las asambleas callejeras…, repito: ¿tanto asustan?

Dan ganas de decir que así es España…, si no fuese porque me parece que no, que no lo es…, o decir “País…”, pero sería copiar a Forges, y uno tiene su dignidad…, o, por fin, decir “fútbol es fútbol” como decía Boskov, pero era serbio y, tal y como se han puesto los de La Haya, mejor no nombrarlo, no sea que se les caliente la cabeza y se den una vuelta por aquí…

… a güevo…

jueves, 26 de mayo de 2011

HYBRIS

¿Hybris?, ¿qué es la hybris? ¿Cómo definir el concepto que se esconde tras un término griego ya de por sí intraducible? ¿Es la hybris orgullo?, ¿desmesura en nuestros actos?, ¿es la violencia de los poderosos hacia los débiles?, ¿es simple chulería?, ¿desprecio hacia los demás?, ¿es sólo el trágico error de los héroes en los dramas griegos?..., ¿es “conmigo al fin del mundo”? Supongo que es un poco de todo eso, una mezcla…. Es hybris. Es la Torre de Babel.

Sea como fuere, y aunque no sepamos expresarlo con palabras, la hybris (vale decir el personaje afectado por ella) ha estado con nosotros desde el principio de los tiempos con Adán y Eva hasta nuestros días, como una enfermedad crónica de la Humanidad. Porque de una enfermedad se trata y, como tal, puede resultar mortal y acompañarnos hasta el final de nuestra existencia o, con un tratamiento adecuado, tener cierto grado de cura (nunca completa, me supongo). Aquiles, el héroe homérico, es el paradigma de los primeros: orgulloso, arrogante, deificado en vida y convencido de sí mismo hasta el momento de enfrentarse a su destino. Sansón, el bíblico, pudo ser ejemplo de los segundos, pero su arrepentimiento no le libró de un trágico final con lo que la cura no fue completa. Así que elijo a Segismundo, el personaje calderoniano que tras su auge y caída emerge de nuevo con un mejor conocimiento de sí mismo que le permite reclamar el puesto que en justicia le corresponde.

Son “hybris” mitológicas e “hybris” literarias y, por lo tanto, simbólicas. Pero también las hay reales, antiguas y modernas, pasadas y actuales. Nerón fue un ejemplo de “hybris” (Calígula no, él era loco), Enrique VIII quizás también, Hitler (sobre todo al final), Stalin, Mao, Mussolini… Pero no hay que irse a grandes personajes históricos con grandes epopeyas a sus espaldas para encontrarlos, personajes de los que, por lo demás, no podemos estar del todo seguros ni de sus motivaciones ni de sus circunstancias…, están demasiado observados por la Historia y, probablemente, distorsionados por ella. Es más fácil encontrarlos en nuestros días y cerca de nosotros. Vamos a ver…

Valdano, el juzgador de talentos ajenos que da por descontado el propio aunque nunca lo haya podido demostrar… Contador, a quien su duelo con Armstrong por la jefatura del equipo hizo despertar (como Segismundo) su lado hybris… Nadal, el anti-hybris, hasta tal punto que casi da grima tanta humildad…, Valentino Rossi, talento desmesurado pero cero-hybris Almodóvar (no añadiré más)…, …, …, y el más claro de nuestras hybris actuales, Zapatero, líder mesiánico convencido de su propia valía y de la justicia y validez de su misión, convencido de su visión de la historia pasada y de la por venir, aposentado en una irrealidad tan tozuda que sólo podía llevarle a la negación de todo lo que no encajase en ella…, convencido, en fin, de que sólo una pirueta del destino podía llevarle a caer en ese error trágico de los griegos y, en consecuencia, en la inmortalidad, en la que ha de acabar para encontrarse con Aquiles, con Nerón y con su abuelo (el bueno, no el malo).

Así que ojo con la hybris y ojo con los “hybris”, ambos acechan en las esquinas más sombrías de los callejones de nuestra personalidad. Nadie está libre de peligro.

Salvo yo, claro. Yo no soy un “hybris”…, ¿o sí?

miércoles, 25 de mayo de 2011

¿KUN ME DÍÍÍÍCES?

Todo al hilo del bombazo informativo de estos dos últimos días: el Kun Agüero se quiere ir del Atlético. Y claro, se han disparado los rumores (se han disparado con bala) en dirección a Concha Espina. ¿Está el Madrid detrás? ¿Remontarán los Vikingos el Manzanares en un remedo de aquella odisea medieval que transcurrió por aguas del Ebro hasta (dicen) Pompaelo, la por aquel entonces villa de origen romano, la por este entonces aldea vascongada de orígenes amaios?

El Kun se quiere ir..., ¿kun tendrá el Kun? Pues hartazgo, ¿kun va a tener? Hartazgo de estar en un equipo kun no le lleva a ningún sitio más allá de Neptuno (y no me refiero al planeta, me refiero al dios..., tristes tiempos estos en los kun la mitología es sólo un sustituto de la física), hartazgo de ser pequeño (kun muy alto no es, pero algo más ya podría destacar), hartazgo de pequeñas glorias, kun por pequeñas no son ni glorias ni glorietas, apenas cruces de calles de barrio, y hartazgo sobre todo (me lo supongo por lo kun a mi carácter toca) por militar en un club kun presume de histórico por un lado y kun, por el otro, sólo tiene la vista fija en el vecino, señal ésta de pequeñez máxima, de miseria espiritual y, al fin, de futuro completamente opaco, no sólo al éxito sino a la más mínima rebeldía... Hartazgo, es claro, del Atlético de Madrid...., institución por la kun hace un año o dos juró lealtad infinita y, es claro también, odio eterno al enemigo de allende Castellana.

¿Qué le pasa al Kun?..., pues eso, eso es lo kun le pasa.

martes, 24 de mayo de 2011

PESCADILLA DE RACIÓN

No me gusta el pescado, lo dije una vez y lo vuelvo a repetir. Mi padre era pescador, pero no de río (en San Sebastián el río apenas daba para pescar alguna cagarruta), mi padre era pescador de costa, de esos que se ponían en las rocas del rompeolas, plantaba su caña como podía..., y ahí se echaba la tarde. En aquellos años infantiles no podía comprender qué diversión encontraba en pasarse las horas muertas mirando a una caña que, me parecía a mí, no se movía nunca. Ahora sí, pero ya es demasiado tarde. Mi padre murió sin poder llevarse esa pequeña alegría de que alguno de sus hijos (éramos 6) entendiese qué hacía allí, tarde tras tarde, esperando que el sol se rindiera de sueño y dejase su sitio a la noche. Para colmo, y para mi asombro (yo nunca le vi sacar un pez del agua), mi padre debía de ser buen pescador porque todos mis hermanos y yo temblábamos al unísono cuando oíamos la puerta de casa al volver él de una de sus tardes pescadoras: era seguro que algo traía y era seguro que esa noche o al día siguiente habría pescado en la mesa..., y unos pescados horribles, fangosos, gelatinosos y, cómo no, llenos de espinas... Así que a mí no me gusta el pescado. Con alguna gloriosa excepción, como esa pescadilla que alguien dio en llamar de ración y que se presentaba redonda en el plato redondo, mordiéndose la cola como agarrándose a una última esperanza de sobrevivir a la sartén.

Y como pescadilla de ración se me aparecen los desafíos que hoy se han lanzado mutuamente Zapatero y Rajoy: que pidas una cuestión de confianza..., presenta una moción de censura tú si te atreves... Vueltas sobre lo mismo, porque ninguno de los dos puede hacer nada de eso... Si Zapatero presenta una cuestión de confianza sabe que no puede ganarla porque los partidos minoritarios no quemarían sus naves en apoyo de alguien que ya ha demostrado a todos y a sí mismo que no puede..., y si Rajoy presenta una moción de censura sabe también que no puede ganarla porque los mismos que no darán su apoyo a una brasa que se apaga lo negarán a una llama que, o bien arrasa con todo y todos, o, peor aún, sale adelante y acaba con ellos. La vida de las minorías (como la de los clubes de fútbol pequeños o de pequeñas ambiciones) es muy cómoda. Apenas hay que hacer... nada. Levantar la mano de vez en cuando para que te vean, que recuerden que existes, y ya está.

Como veréis tengo muchos y variados motivos para que no me guste el pescado, ni siquiera la pescadilla de ración.