Dicen…, dicen que en Grecia la cosa está fatal, que se viene abajo, que puede quedar como en el chiste de Gila: “… sí, Grecia estar está, pero ¡cómo está!..., todo roto…, por el suelo…”. Así que para salvar a la cuna de la civilización occidental (¿?) del caos han y hemos (los europeos) decidido quitar de en medio a un político puro como Papandreu por otro político técnico como Papademos (… he intentado hacer una gracia con el común inicio de sus nombres pero no me ha salido…). Es decir, un político por un tecnócrata (en la España de los 60 fue un falangista por un opusdiano).
Dicen también…, dicen..., que en Italia la cosa está que arde y a la que se descuiden lo más entero que podremos ver en años venideros será el Foro romano, y eso la parte del templo de Saturno, que ni es templo ni es ná. Solución de emergencia: adiós al inclasificable (porque yo no sé cómo clasificarlo) pero simpático Berlusconi y bienvenida para Mario Monti, un ex-comisario y economista (como Papa-demos) para solucionar el bollo con un ejército de (sí) tecnócratas a su lado.
Ojalá tengan éxito ambos, por lo que les toca a ellos –que es mucho- y lo que nos toca a nosotros, que es mucho más, que para eso es nuestro.
La cosa es que… si cuando ha problemas de verdad hay que llamar a los técnicos (véase fontaneros), ¿para qué sirven los aficionados (dígase políticos)?. Aficionados que, dicho sea de paso, huyen de los problemas como de la peste, así les vaya el país entero en el empeño.
Sabido es (o debería serlo ya) que a mí me sobran todos, pero cuando a los más o menos creyentes en la religión Democracia empiezan a asaltarles las dudas es que o bien algo falla o bien algo es mentira…, me parece a mí.

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