Y de esos pasillos salieron algunos de los actores principales y muchos de los figurantes de la tragedia de los últimos ocho años en España, y de entre ellos, el caso más paradigmático, el entrañable Pepín Blanco. Pepín, sin estudios conocidos. Pepín, sin experiencia laboral constatable. Pepín, con millones de kilómetros recorridos por sus particulares pasillos…, Pepín, a quien tantos kilómetros le han llevado hasta 30.000 millones de euros de presupuesto del Ministerio de Fomento para él solito (digo yo que alguno le habrá caído). Pepín, trapecista infinito que, en increíble cabriola, se aleja de su amado José Luis para caer en brazos de su amigo del alma Alfredo. Pepín, pues, inculto, vago, pelotillero, ladrón y, ahora, traidor a cualquier causa conocida. Pepín, yo te conocí en aquellos años, o conocí a los que en ti habían de devenir. Y te desprecié, y me aparté de ti, dejando, supongo, vía libre a lo que había de pasar. Pensé, pobre tonto, que con mi autoridad moral estaba a salvaguarda de todo.
Entonces me equivoqué, pero ahora desentierro esa misma autoridad para decirte: “José Luis, te lo mereces, te rodeaste de miseria y en la miseria te has acabado por hundir”. No me das pena, el círculo se ha cerrado.
Buen viaje.

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