No sé quién ha sido, de verdad. No suelo prestar atención a estas cosas pero alguien ha dicho en estas últimas horas (¡por fin!) de campaña electoral que “… de la crisis sólo se sale con democracia…” Supongo que ha sido, en parte, un intento de animar a la gente para el domingo que se nos viene encima y, en parte, una velada referencia a lo que les ha tocado a griegos e italianos. Pero sea por auténtico interés en la promoción del sistema o por miedo a perder el chollo de cada cual lo cierto es que no entiendo la frase… “… de la crisis sólo se sale con democracia…”
Veamos, cualquier imbécil (y en España hay muchos) sabe que lo que llega de frente es muy gordo y que hay que tomar decisiones duras y difíciles, decisiones basadas en datos, en análisis de lo pasado y en proyecciones de futuro. Decisiones, en suma, técnicas e impopulares. Y yo, con mi Licenciatura en Empresariales a cuestas, no las entiendo, desconozco sus bases y no alcanzo a ver la más mínima consecuencia. Y no soy tonto. Así que no puedo creer que la suma de millones de personas menos preparadas e inteligentes que yo en su mayoría puedan entre todas sumar una voluntad coherente con la situación que tenemos que afrontar.
Por eso, mi única duda es si debo ir a votar en contra de todas mis convicciones o debo ayudar a que alguien, uno solo, tome las decisiones que crea convenientes…, y rezar para que acierte… Claro que ese alguien también se ha manifestado contrario a la solución griega (Papademos) o la italiana (Monti). Y mal vamos si la esperanza última tiene en mente los mismos miedos personales que cualquier otro.
No sé.
De todos modos mi 20-N particular sería otro, ahora proscrito.
¿Es pecado?

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