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miércoles, 1 de junio de 2011

KUATO (o "¡Arde el Liceo!")

Es moda y es verdad. El descrédito de la clase política es total. Sus miembros se han convertido en presuntos culpables, sospechosos habituales, auténticos goodfellas, para lo que nos ocupa, extraterrestres, en resumen…, marcianos.

Y no digo marcianos porque sí, ni pienso, al decirlo, en hombrecillos verdes con trompetillas en lugar de orejas y apéndice nasal. No, me refiero a gente venida de Marte, el cuarto planeta solar, el rojo (esto no va con segundas), el de los canales (esto tampoco), el que, parece ser, tuvo vida en una época hasta que decidió escupirla aquí. Porque los niños vendrán de París, pero los políticos vienen de Marte. Y tengo pruebas de lo que digo. Concretamente dos: Schwarzenegger y Kuato. El primero pasó de los mamporros y mutantes raros de “Desafío total” al gobierno del California, de donde acaba de salir, ¡ojo, no por mala praxis sino por pichalarga! (más o menos). En cuanto al segundo, decidió emigrar, pero en lugar de hacer las Américas pensó que mejor hacer Els paisos catalans y, disfrazado de Jordi Puyol, vino a nosotros en sustitución de aquel otro llegado desde las pizzas y el fuet: Tarradellas.

Y Kuato (en adelante Puyol) gobernó y nos gobernó desde la sombra (la poca que daba, la verdad, que no levantaba gran cosa desde el suelo) durante mucho tiempo hasta que un día se vio obligado a salir a la luz. Y lo hizo lloroso, tierno, suplicante… El Liceo, símbolo de la más profunda Cataluña burguesa, había estallado en llamas por un cigarro mal apagado (¡ah, los peligros del tabaco!) y amenazaba con su total desaparición. Y así, con lágrimas en los ojos y mocos colgando de la nariz, se nos presentó Kuato (que no, que es Puyol) para recordarnos que 1994 no quedaba tan lejos de 1992 y nuestra generosidad españolista debía tender una vez más la mano.

Y como en la vida todo se repite (y en la vida política ni te digo) se nos aparece ahora el fantasma de Kuato (Puyooool…) encarnado en su discípulo Arturito Mas que ha dado en pedir, ¿qué digo pedir?, ¡exigir! que el Gobierno Central les pague algo así como la mitad del exceso de déficit que sufre la Generalitat para poder adecuarse a los límites previamente establecidos para todos. Y lo hace con el argumento de que, al fin y al cabo, ese déficit excesivo lo produjo un gobierno anterior –el tripartito- que, no se puede negar, estaba mandado por un partido español. Vamos, que nos echa la culpa.

No me negarán que esta es la tercera prueba de mi tesis…, marcianos o mascianos es casi lo mismo.

¿O no?

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