Sábato escribió sólo tres novelas: El Túnel, Sobre héroes y tumbas y Abdadón el exterminador. En su día leí las tres, y de las tres me quedaron dos sensaciones. La primera que ahí (en las tres) había algo interesante y la segunda… el túnel. No recuerdo nada más, salvo el apellido del protagonista de la primera, y eso por su parecido con el mío. Pero la idea de túnel arraigó en mí desde el primer momento o, mejor dicho, confirmó una idea largamente sospechada: nuestro inevitable aislamiento, la imposibilidad de tener una comunicación cierta y real con nuestros semejantes… La vida como un túnel, largo y oscuro, con apenas unos ventanucos de tanto en tanto que nos permiten avistar el túnel que discurre al lado del nuestro. “Nadie sabe lo de nadie” dijo un cura mejicano al ser interrogado sobre el porqué de sus actos pues resultó haber asesinado a una mujer con la que había convivido durante largo tiempo y se había quedado embarazada. De eso se trata, puedes mirarme fijamente a los ojos cuanto quieras, puedes estudiar mis actos pasados o presentes, puedes preguntar lo que quieras a quien quieras, que nunca sabrás de verdad que hay tras esa mirada…, nadie sabe lo de nadie…
Pero esto es filosofía y cansa. Salvo algunos profesionales de la tabarra y algún que otro pirado como yo que disfruta flagelando su espíritu con profundas preguntas sin respuesta, el público en general no quiere saber gran cosa de la metafísica y así. Preferimos pensar que sí, que nos entendemos, que podemos contactar unos con otros. ¡Ojo!, no todos los unos con todos los otros, no exageremos. Pero sí que podemos dar por sentado que ciertos parentescos y ciertas amistades están un paso por delante, que ellos sí, y, claro nosotros con ellos también.
Y la farsa, el engaño, funciona aparentemente bien hasta que un día salta en pedazos. Ocurre algo que nos dice que no…, que la cosa no estaba tan clara, que donde parecía haber un vado aparece un abismo imposible de franquear. Un mal gesto, una mala respuesta, una frase equivocada y…, fin, de vuelta al túnel.
Y ahí estáis, asomados a los ventanucos… Yo os miro desde el mío.

De las tres, yo recuerdo haber comprado, y leído, El túnel, cuando prácticamente sólo media docena de enterados sabían quién era Sábato. Y tampoco debo atribuirme mucho mérito, porque la cosa vino ligada a la versión que de la novela hicieron para Televisión Española, allá por 1978 ó 1979... y una de cuyas escenas más chocantes, la de la Oficina de Correos, fue rodada en la que era mi lugar de trabajo desde hacía algo más de un año. Incluso recuerdo que me utilizaron de "relleno", para dar la réplica a la actriz que hacía el papel de funcionaria dura y malvada (aunque casi no aparecía en el plano, todo hay que decirlo)
ResponderEliminarLo malo del asunto, aparte que "la tele de todos" no se atreva a reponer las joyas que tiene guardadas en sus archivos (y que son cien veces mejores que todas las porquerías que nos meten ahora), es que algunos siguen empeñados en que sigamos dentro del túnel mirándonos a través de ventanitas. No lo puedo evitar, me recuerda poderosamente un relato de Cortázar (cuyo nombre no recuerdo ahora; tendré que consultarlo el fin de semena) en el que se establece una "relación" entre el narrador y una mujer, de ventanilla a ventanilla de coche, en un enorme, infernal atasco, en una entrada de París, un día cualquiera, una mañana cualquiera... Y que al final se rompe, después de muchas horas, cuando los coches vuelven a circular. La sensación de estar completamente dirigido es la misma, o muy parecida.
P.S. ¿Estás enfermo? Porque casi una semana sin tus comentarios es muy dura de soportar...