Soy mitómano, como todo el mundo. ¿Quién no guarda en el fondo de su corazón un hueco para alguien o algo ajeno a nuestra vida cotidiana? Yo sí, desde luego, y uno de esos huecos (uno de los principales) es para Clint Eastwood.
Y no me subo al carro del abrumador respeto que empezó a generar desde que decidió ponerse tras la cámara. No , yo soy su ferviente seguidor desde aquel día se dirigió a todos nosotros para decirnos: "Alégrame el día". Frase exacta, completa y cabal: "alégrame el día".
Pero caí definitivamente postrado ante él cuando, tras las múltiples maravillas acaecidas en "Sin perdón", y casi sobre los títulos de crédito, una voz en off plantea el gran misterio de toda la película. La madre de la esposa del protagonista visita su tumba y el sitio donde éste la llevó a vivir "... y no halló nada que le explicase por qué su hija se había casado con un hombre vicioso y violento, y con una notoria ausencia de moralidad ...".
Y eso era todo, pura poesía.

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