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viernes, 20 de mayo de 2011

SEGUNDA INSTANCIA

Hay ocasiones, pocas, en las que la memoria humana efectúa sus enlaces con arreglo a crirterios de lógica tales como: causa y efecto, blanco y negro o simple parentesco de los recuerdos. Y con éste último me ha venido hoy a la cabeza José Antonio Rodríguez Vega, el "Mataviejas de Santander", que allá por el 2.002 fue detenido, enjuiciado y condenado por el asesinato de dieciséis mujeres de edad avanzada. Por lo que fuere -supongo que por la condición de las víctimas- el caso impactó no sólo a la sociedad civil más o menos normal, sino también a la población reclusa que, a no mucho tardar, le aplicó la "ley de la cárcel" y asunto conluido. "¡He matado al Mataviejas!" clamaba sonriente Enrique del Valle (uno de los ejecutores) ante las cámaras de televisión. Muchos lo recordaréis.

Viene esto al caso porque llevamos unos días a cuestas con Santiago del Valle (otro parentesco), no un "mataviejas" pero sí un asesino de críos pequeños. Que si sí, que si no, que si mató a la niña o si fue un accidente, que si le ayudó su hermana o lo hizo solo.

... Y porque llevamos demasiados años aguantando historias similares, con niños y con mujeres casi siempre, con los más débiles en toda ocasión. Casos en los que muchas veces actúan y después se suicidan, o lo intentan, pero nunca al revés.

Y pienso yo que, sin estar en realidad a favor de la pena de muerte -aunque cada vez encuentro menos motivos éticos para oponerme a ella-, pienso yo, pues, que quizás no estaría mal instaurar de algún modo ese tribunal de Segunda Instancia en las cárceles (o donde sea) que lleve algo de paz a tantos familiares aturdidos por las pocas consecuencias de algunos actos.

"¡He matado al Mataviejas!"

Bien muerto está.

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