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viernes, 20 de mayo de 2011

LA VIRGEN DE BASILEA

Seguro que cualquiera de vosotros recuerda bien ese día entre ominoso y luminario -con toda la gradación intermedia que pueda darse- en que perdisteis la virginidad. Yo también.

Fue un 16 de mayo de 1979, ante un televisor en blanco y negro, viendo un partido de fútbol (una final de la Recopa) entre el Barcelona y el Fortuna de Duseldorf. Yo era virgen y deseé con toda mi alma una victora española, y la conseguí. Pero, pásmense, al día siguiente descubrí la verdad: no había ganado un equipo español sino uno catalán, ya no se llamaba Barcelona sino Barça, y las banderas que lo recibían eran extrañas para mí. Comprendí y mi inmaculada virginidad dejó paso a la comprensión de una realidad que sólo podía calificar como fea.

Y así con todo.

... Y, sin embargo, pasan los años y aún hay cosas de las que no puedo desprenderme como, por ejemplo, mi excéntrica afección por la Real Sociedad de San Sebastián. Excéntrica por cuanto (ya lo dije un día) soy hijo de militar residente en Donostia (antes Donosti) durante los años más duros de ETA. Aun así, guardo un pequeño rinconcito en mi corazón para esas pequeñas cosas de la infancia y de la primera -y última- juventud que, supongo, todos nos negamos a perder definitivamente.

¡Viva la Virgen de Basilea! 

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