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viernes, 20 de mayo de 2011

FAHRENHEIT

Los fundamentalistas islámicos -talibanes, alkaedos, chiitas o suníes, pero islámicos todos-, los fundamentalistas islámicos, digo, los de Afganistán (esta vez) atacaron hace unos días (no sé si dos o tres) una sede la la ONU en Kabul (supongo que en Kabul) y en el tran-trán de la refriega, que digo yo que no sería con piedras, escupitajos o graves insultos a sus madres, tras la refriega, pues, quedaron en el campo (de batalla) once muertos. Hasta aquí todo normal. Lo hemos visto ya muchas veces.

Lo distinto ha sido el motivo aducido por estos benditos (de Alá): un americano soso ha tenido la feliz ocurrencia de quemar en público y con previa publicidad un ejemplar del Corán. Vaya por Alá, ¿a quién se le ocurre? Pues a un americano, sosote él.

Pero lees los periódicos y te queda la sensación de que sí, que está muy mal lo que han hecho, pero que, tal y como lo cuentan..., pues que claro, hay cosas con las que no se puede hacer burla, que ellos son muy sentidos y todo esto les llega muy adentro en el corazón, que es que ellos son así... Esa es la sensación que queda.

Y puede que sí. Porque a mí también me llegó muy adentro en el corazón la foto de hace unos pocos años en la que Maragall y Carod Rovira, de viaje "oficial" por Israel, hicieron broma, burla y escarnio de la Pasión de Jesucristo con una corona de espinas que uno de ellos -no recuerdo cuál- se ciñó en la cabeza mientras el otro ebrio (sí, este debía de ser Maragall) de risa le señalaba alabándole la gracia. No sé si don Pascual se acordará de esto o lo habrá olvidado (como casi todo), pero ofrezco estas líneas como terapia a su desgracia. Y lo digo en serio.

Así que a lo mejor Bradbury primero y Truffaut dieron en el clavo al describir esa futura sociedad en la que, al calor del 451, ardían libros, libros y libros, y algunos dioses auténticos y paganos que, quizás, han perdido su tiempo y su oportunidad.

Empiezo a creer que muchos de nosotros sí.

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