Que yo recuerde sólo he vivido esta vida. Bien poca cosa en la casi eternidad del espacio-tiempo einsteniano, escasos cincuenta años de los que ni siquiera mantengo un recuerdo completo, apenas retazos aquí y allá, casi nada de la primera infancia, casi nada de la segunda, un poco de la adolescencia, cosas sí y cosas no de la juventud y, en fin, lo poco que me cabe en la cabeza de todo lo demás (madurez le dicen). Me anima pensar que, según dicen, la vejez última se caracteriza por una inversión temporal en cuanto a la cantidad y calidad de las vivencias pasadas. Estaré atento.
El caso es que el mundo en general empieza a parecerse mucho a mí, pero en más, corregido y aumentado. Porque los recuerdos (véase noticias) no le duran nada. Hace un mes era Gadafi, hace una semana ya fue Siria (el Chad pasaba por allí)…, anteayer era Troitiño –etarra malote donde los haya- y ayer fue Bin Laden (que según dónde pongas la oreja, y por las cosas del morfing lingüístico, pasa a llamarse Buen Ladrón)…, hace un año nos sobrecogimos, nosotros y las 10.000 ONG’s que ya había por allí, con Haití, y meses después el Caribe le daba la alternativa al Mar del Japón con una faena muy torera llena de vídeos aficionados, aguas negras, casas flotantes y nipones sufrientes, serios y dignos hasta la exasperación (exasperación occidental, claro está)…, mañana hablaremos (seguro) del Madrid y de Mourihno, aderezado con un poco de Obama y las fotos que si sí o que si no se deben publicar, salpimentado con alguna tropelía libia y una pizca de sirios enojados, y, de postre, algo de andar por casa tipo “Zapatero ha dicho…”, “Rubalcaba ha declarado…” o “Rajoy se ha indignado con…”
Y así van las cosas… Yo, sin ir más lejos, he recordado la impresión del tsunami japonés sólo porque nos han llegado desde EE.UU. unas pulseras de colaboración en la catástrofe que vendían en la página web de Lady Gagá. Sólo por eso. Por cierto que se han traído desde el otro lado del Atlántico un infernal olor a no se sabe qué…, sospecho que la radiación de Fukushima está implicada en el asunto.
Así que en este pequeño espacio material en el que nos ha tocado vivir todo parece estar roto por el ansia de una novedad última…, este pequeño espacio está partido y bien partido por el tiempo.
Es la velocidad.
(PD: sé de alguien que aún hoy busca con insistencia noticias sobre la pequeña Madeleine McCann cada día en internet, pero es la excepción a la regla…, y toda mi admiración).

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