Algo espantoso una guerra civil. No son militares profesionales los que empuñan sus armas para dirimir irreconciliables diferencias que les puedan separar, no: son personas normales -las de la calle- las que enarbolan envidias enquistadas, pequeñas mezquindades y antiguas historias heredadas. Y todo esto en gentes que ya de por sí tienen una acusada tendencia al tremendismo y a la exageración, gentes extremadas por causa de su historia y de su geografía.
Y así, nos encontramos con que el pueblo argentino ha sublimado su guerra civil futbolística en el enfrentamiento entre los bilardistas del "¡pisálo, pisálo!" y los menottistas del traje impecable y del verbo fácil de Jorge Valdano (ya salió Valdano), dando lugar a una lucha feroz en la que no se toman prisioneros, si acaso algún iluminado y algún converso.
De la otra, de la de aquí, no diré ni pío.
¿O qué creían?

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