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viernes, 20 de mayo de 2011

ESOPO

El lobo se encara con el cordero en el cauce del río espetándole: me has
 enturbiado el agua que bebo, a lo que éste contesta: pero si estoy más
                arriba que tú....

Insiste el lobo: pero hace seis meses me ofendiste gravemente..., pero si
sólo tengo  cinco, contesta el cordero.

Bueno, pues sería tu padre -responde el lobo-, y se lo comió.


Y eso es lo que nos ocupa y preocupa en estos ominosos tiempos de crisis, desempleo y empobrecimiento: ser tiernos corderitos enfrentados a un cúmulo de lobos imposibles de vencer, lobos financieros, lobos tecnológicos y, a su servicio, haciendo la función de palafreneros, bufones y bedeles (según el caso) una pléyade de lobos políticos llevándoles sus asuntos.

Los bancos y sus hipotecas, te dan, te animan, te sonríen y, en último término, te quitan y, cómo no, te exigen un punto más: el resto.

Las empresas de telecomunicaciones, con Telefónica a la cabeza (tengo una fijación con Movistar que otro día les contaré) te regalan instrumentos, tarifas y puntos regalo para conseguir más instrumentos y más tarifas trampa.

Los políticos les jalean, les apoyan y les legislan convenientemente para poder seguir teniendo créditos rápidos y baratos (ellos) y puestos ejecutivos para retiros dorados (y me supongo que tarifas planas gratuitas, seguro).

Y nosotros protestamos con la boca pequeña, ponemos excusas (excusas de malos pagadores, dicen), nos defendemos con nuestras patéticas explicaciones que apenas suenan a disculpas baratas. Ponemos cara de cordero degollado y...

¡Zas!, el lobo se nos comió.

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