¿Sobre ETA? Ustedes perdonen, sobre ETA sólo puedo hablar yo. Si exceptuamos a las víctimas directas y sus familiares, sólo quedo yo..., y algunos (pocos) como yo.
Leo en el periódico (sí, a veces leo los periódicos) algo acerca de que ETA aceptaría una "... verificación informal ... internacional ... de un alto el fuego ...". No entiendo nada, ni patata, ni una palabra. ¿Verificación informal? ¿Se puede ir sin corbata? ¿Vendrá Obama a comerse unas kokotxas? No lo entiendo, ni me importa.
Sigo en el mismo periódico... Suponen ellos, los etarras, que en el "espacio político de Euskal Herria sólo estamos nosotros, luchadores por la libertad, y todos los demás". Lo he resumido (creo) pero la frase no iba mucho más allá (no hay más allá). No se entiende mucho, pero sigan, sigan leyendo.
Otra página estratégicamente distanciada de la anterior da cuerda a Ramón Palacios -perdón, Jáuregui- para que se congratule de que en el comunicado no se aprecia intención de próximos atentados. Sin comentarios.
Y ahora reviento, ahora hablo yo, que sí que puedo. Porque ellos, todos ellos, son culpables desde hace 50 años de hacer y deshacer, de no hacer y de no decir, de justificar (ay amigo, estaba Franco). Son todos cómplices, y tengo pruebas.
Porque en los años 78, 79, 80 y 81 (y algunos otros más) aquello fue muy duro. Para los que no lo sabéis -casi todos- yo soy hijo de militar de San Sebastián, y he visto cosas de las que vosotros no sabéis más que por la televisión, he oído bombas estallar 5 segundos después de pasar yo, he visto una pistola descerrajar un tiro en la cabeza de un vecino de "toda la vida", he visto gente aplaudir estas acciones in situ, con los protagonistas, víctimas y verdugos, presentes. Pasé por estas cosas porque me tocó, no por mérito personal mío, pero pasé por ellas.
Y pasé por ellas con orgullo, siendo para mis compañeros de facultad "el hijo del militar", el que en las asambleas se levantaba solo para replicar a..., ¿a quién?, a los gallitos de las Juventudes Socialistas que en aquellos años empezaban a asomar la cabeza, no desde ominosos exilios, sino desde casa de papá. Jáuregui seguramente fue uno de ellos.
Por eso, repito, sólo yo tengo derecho a hablar de ETA.
Y me callo cosas por demasiado personales.
Sin turno de réplica.

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