Soy repetidor, pertenezco a esa antigua categoría de estudiantes que imprime una marca indeleble en el carácter de las personas: repetidor. En mis tiempos de colegial en cada curso (hasta cuarto de bachiller) había cuatro grupos, el A, el B, el C y el D. Indefectiblemente el D era el de los repetidores. Así era el sistema educativo de entonces, se separaba a los malos de los menos malos y de los buenos para evitar contagios y retrasos de unos sobre otros. Así era entonces y así no es ahora. Cero que antes me parecía mejor.
El caso es que yo fui (soy, por toda la eternidad lo soy) repetidor. No es para presumir, no se trata de un dato curricular espectacular y, además, hay muchos. Salvo por un detalle…, yo fui (perdón, soy) repetidor de párvulos. Sí, ese curso desaparecido nominalmente en no sé qué reforma educativa, pero que para nosotros era la introducción a la vida estudiantil: párvulos…, palotes, filas de números, filas en el patio, cantar el creo en dios padre, alguna monja a la que le caías en gracia (¿qué fue de Sor Adela?), alguna a la que no (no recuerdo su nombre). Párvulos…, los primeros amigos tuyos, sólo tuyos, porque no venían de los vecinos ni de otros conocidos. Párvulos…, el drama diario de no saber si aguantarte o pedir permiso para ir al lavabo. Párvulos…,
Y yo lo repetí. No por tonto, no por torpe, no por malo, no por nada, no había calificaciones finales en párvulos, pero…, era gratis, y, en aquélla época (y en ésta) de la parte logística de la educación familiar se ocupaban las madres, no los padres. El mío no, desde luego. El mío era militar y o estaba en el cuartel o no estaba en el cuartel pero estaba de maniobras. Y las madres actuaban tal y como su educación y su carácter les decían.
La educación de mi madre era la normal para entonces, pero el carácter no, el suyo era –y es- de una categoría distinta. Entonces no lo sabía pero ahora sí. Mi madre era –y es- vitalista hasta la extenuación y eso le hacía –y le hace- ver el presente como un tiempo eterno, o casi… Así que cuando las monjitas (¿qué fue de Sor Adela?) le propusieron que yo me quedase otro año con ellas (debía de ser yo una monada, si no, no se explica) a mi madre le faltó tiempo para decir que sí. Consideraciones tales como retraso escolar, mal encaje con futuros compañeros, pérdida de amigos…, eso no entraba en sus cálculos.
Y no me quejo. Por eso, y por otras circunstancias personales, creo que, en general, me ha ido mejor que al resto de mis hermanos, cinco hermanos.
Y eso es mucho adelantar, para un repetidor de párvulos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario