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viernes, 20 de mayo de 2011

EFEMÉRIDES

Se conmemoran hoy los 50 años del primer vuelo orbital de la Humanidad (monos varios y perritas Laykas no entran en este recuento, de momento), y se conmemoran en la figura de su principal protagonista, el ruso (soviético por aquel entonces) Yuri Gagarin. Y está muy bien esto, porque aquello fue un buen punto de partida para la ideología espacial de mi generación. Y digo espacial refiriéndome a “La guerra de las galaxias” y todo lo que vino detrás. Y vino mucho. Así que gracias, Yuri, por la parte que te toca.

Pero no fuiste tú, lo siento. No te quito mérito (ser el primero en hacer algo es muy difícil, no tienes referencias de ningún tipo en las que escudarte), no te quito mérito pero, amigo Yuri, tenías dos problemas insolubles, dos obstáculos imposibles incluso para un héroe galáctico como tú… Primero, eras ruso, y no hay mucho más que decir…, eras del bando de los malos, eras de los indios (cuando los indios aún eran los malos, antes de que la moda de masacrar a los vaqueros se colase entre nosotros). Eras ruso y eras malo. Punto. Y segundo, y por encima de todas las cosas, tú no estabas allí cuando en aquel verano del 69 mi padre nos despertó a mí y a mis hermanos de madrugada para ver en directo –en directo- la llegada de la misión  Apolo 11 a la Luna. Tú no puedes ser partícipe de ese momento mágico en el que mis recuerdos infantiles de sorpresa por una hazaña difícil de calibrar con poco más de 10 años se entremezclan con una de esas ocasiones en las que un padre actuaba como un padre… Y no fueron tantas veces. O yo no las recuerdo.

Pero lo de Armstrong, Aldrin y Collins sí. Y a mi padre despertándonos también.

A ti no, Yuri. A ti no te recuerdo.

Lo siento. Mi padre era más importante que tú.

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