Hoy, en El Mundo, y a cuenta de las andanzas (disculpen, presuntas andanzas) del afamado Dominique Strauss-Khan, jefazo ejecutivo de las perretas del FMI y aspirante a darse la gran vida en el Elíseo, dice Arcadi Espada que lo peor (o lo mejor, según se mire) que ha resultado de este episodio es la pérdida definitiva de la superioridad moral de la izquierda sobre los demás ante tamaño berlusconidazo..., y yo añadiría que ¿cómo seguir dando la vara con la Guerra Civil si resultan al final tan machitos como cualquier hijo de vecino? No pueden, ya no. Arcadi tiene razón, y yo también.
También en El Mundo (les juro que es circunstancial, no lo he comprado) el desordenado (por decir algo) Salvador Sostres emprende una diatriba contra socialistas, contra Zapatero, contra sus votantes y, un poco, contra todos nosotros, españolitos que nunca tenemos la culpa de nada, que para eso votamos, para que lo apañen todo, y vosotros, los que no votáis, ¿con qué derecho reclamáis nada si no habéis participado antes? Pues votando o no votando también tenemos la culpa, pero unos más que otros..., llevo toda la vida pensando así, y negando la superioridad moral del votante (aunque sea de izquierdas) sobre el que se abstiene. Así que Salvador tiene razón, y yo también.
Y, por fin, en el As (créanme, tampoco lo he comprado, soy más del Marca, más del 39 que del 38) Alfredo Relaño arremete (pero poco) contra la UEFA por el archivo de las causas culés dando cuenta del criterio modificado del clásico In dubio pro reo de Hannibal Lecter por otro más platiniano de In dubio pro Barça. Milagrosamente no dice nada de Villar, pero yo añadiré que la temporada futbolística europea ha sido una muestra grosera de desprecio hacia un club (el Real Madrid) al que se le ha sancionado por temas considerados como de juego "poco limpio" (las tarjetas forzadas y las declaraciones de Mourinho) mientras asistíamos a esos mismos episodios interpretados por el resto de clubes y, particularmente, del Pro-Barça, sin que a nadie se le rasgasen las vestiduras por tamaños hechos vergonzantes y en absoluto adecuados a la grandeza del juego del fútbol, que dirían. Es la superioridad moral del Barcelona sobre el Madrid. Así que Alfredo tiene razón, y yo también.
Y así está organizado el mundo (y el país también, ojo), como un conjunto de coros de grillos que, a la luz de la luna y al calor de su propia muchedumbre, arropados en su amorfa masa, cantan y no paran su superioridad moral sobre el resto..., sobre mí.
No saben que están equivocados pero..., ¿para qué necesitan saberlo?..., después de todo manejan el cotarro y nos manejan a nosotros. Y nosotros nos dejamos..., tan apenas nos permitimos una queja ocasional, un lamento aquí y allá, un ceño fruncido y un gesto de pena y conmiseración..., ¡pobres!, ¡si están en un error!, ¡si la razón está con nosotros!..., si la superioridad moral es nuestra...
Pues sí señor, por mi parte sí, es mía.

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