Son extraños los caminos que siguen las rutas de la memoria. Hay multitud de cruces y cerradas curvas tras los que no puedes estar seguro de lo que vas a encontrar. Y en uno de esos cruces me he encontrado hoy con "El Chofre". ¿Por qué hoy? Pues porque sí, porque tocaba o porque, simplemente, ese recuerdo estaba alli y yo he pasado en el momento oportuno.
"El Chofre" -la plaza de toros del Chofre de San Sebastián- desapareció en torno al año 1973, voló por los aires, más o menos como Carrero Blanco, pero por motivaciones distintas. Inmobiliarias, supongo.
¿Qué tiene que ver eso conmigo?, muy poco en realidad. Nunca he sido un aficionado a los toros, nunca estuve en el coso donostiarra, ni nunca tuve intención de entrar en él. Porque yo no entiendo de toros. Ni entiendo ni los entiendo, pero ... siempre he pensado que sí los intuyo. Sé que allí hay algo.
Primavera de 1.976, yo en Madrid, él no sé dónde (quizás por San Isidro), pero en la tele, como por casualidad, Paco Camino me enseñó que los toros eran algo más que un espectáculo folklórico, mucho más.
Años 90 -no recuerdo cuál de ellos-, otra vez la tele, y Curro Romero bailó, bailó para mí, como decía el mejicano de la cara quemada en una de las primeras escenas de "Encuentros en la tercera fase": "... anoche el sol salió ... y bailó para mí ...".
En 2.009, la tele y José Tomás. Y otra vez vi ese algo distinto que no sé explicar pero que sí sé sentir. Una locura de sangre, emoción y, dicen, arte. Impagable.
Sea como sea, desde la demolición de "El Chofre" (ya convenientemente reconstruido), las cosas no han cambiado mucho para mí. Sigo sin entender de toros, sigo sin entenderlos, pero sigo esperando ese momento (tres en treinta años) que me confirme que al menos sí, al menos los intuyo.
¡Olé!

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