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viernes, 20 de mayo de 2011

23-F, CLARO

No pensaba decir nada acerca de esta "celebración" (cada uno celebra lo que quiere) pero me veo empujado a ello de un modo absolutamente inesperado para mí.

Leo en el Marca o en el As -no sé- que Javier Clemente recuerda que aquel dichoso día él y sus amigos no se enteraron de nada, que estaban en Bilbao y que hasta la mañana siguiente no supieron de lo ocurrido. Lo que estuviesen haciendo él y sus ya -imagino- talluditos amigos en Bilbao como para producir semejante efecto lo desconozco y no viene al caso, aunque puedo imaginármelo, fácilmente.

La cosa es que yo pensaba que era una rara avis en esto de la política social al considerarme el único español (como se decía entonces) que no había pasado aquellas, dicen, angustiosas horas pegado a la radio, la televisión o a la pared del vecino para intentar enterarme de algo ...
  Porque yo no me enteré de nada, ni nadie de mi casa, en pleno centro de San Sebastián, en unas casas militares (sí, mi padre era Teniente Coronel, y ya no doy más pistas) en las que por aquellos años bastante teníamos con no saltar por los aires de un bombazo (nosotros, no ellos) o contemplar cómo salían disparados nuestros sesos en la dirección más impensada.

No, no me enteré de nada, y al día siguiente me presenté, tonto de mí, en la Escuela de Empresariales porque tenía un examen que, os lo juro, llevaba clavado.

Y, al cabo de treinta años, soy casi colega de Clemente.

Manda huevos, que diría aquél.

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