Claro, lo olvidé. Cuando hablas de juego y de jugadores hay que contar siempre con la existencia de su álter ego: el tramposo, el jugador de cartas marcadas.
Y resulta que con eso jugaba Sarkozy, con una carta marcada: el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Una carta marcada. Marcada por las decenas de silencios anteriores, silencios culpables e interesados ..., esta guerra sí, aquélla no ..., un tiranuelo sí, un régimen dictatorial -pero poderoso- no ..., este moro rico puede pasar (en Inglaterra los van a comprar ahora), ese otro no, que es integrista ..., y así una vez sí y otra también.
Marcada, en definitiva, por una falsa autoridad moral para decidir cuándo y cómo se ha de intervenir en una situación. Yo soy intervencionista pero las guerras no pueden ser legales o ilegales ..., como mucho necesarias o no. En todo caso, justas.
Pero aquí llega Obama (paladín de la progresía) acompañado de ingleses (¡a la orden!) y franceses (ansiosos de salir en la foto como sea) amenazando a Gadafi, seguidos de Zapatero aliviado por poder decir al fin: "esta vez sí" ...mientras los chinos (¡ah, los chinos!) sonríen para sí: "allí me las den todas".
Cartas marcadas. Pero ojo, que nadie se engañe, la partida no está acabada.
(Algún día contaré los insospechados apoyos que le han surgido a Gadafi en mi entorno más cercano).

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