Me había costado media vida, ímprobos esfuerzos y una lucha feroz entre mi profundo sentido individualista de la vida y un afán -comprensiblemente humano- de pertenecer al grupo, de ser un ente social e integrado en la comunidad general de intereses, también generales, sean cuales sean esos intereses generales. Había sido duro pero lo había conseguido, estaba vivo tras sobrevivir a "Las señoritas de Avignon", obra cumbre de la picassiana idea que su autor tenía de lo que debía ser el arte pictórico.
Pero hete aquí que recién me entero de que exponen en el Tate Modern de Londres (supongo que sucursal de la conocida Tate Gallery ), uno de los Sancta Sanctórum de la pintura mundial, la para mí desconocida (reconozco mi absoluta incultura en la materia) obra del mismo autor que se reconoce bajo el título de "Desnudo, Hojas verdes y Busto", así, con todas las palabras. Y en el subtítulo de mi ignorancia hay que añadir que se trata del cuadro más caro jamás subastado.
Y yo lo miro, lo contemplo, del derecho, del revés, haciendo el pino ... con auténtico interés (no en vano el director de la Tate babea de agradecimiento al prestamista, y algo deberá de tener), pero no hay caso, por más que lo intento no lo capto.
... es muy feo ...
Por favor, véanlo y díganme si tengo razón o, sencillamente, mi sensibilidad artística ha descendido al nivel de las cucarachas, si no es que ya estaba allí, que también puede ser.
Contéstenme con urgencia, porque si no deberé aceptar que he perdido la mitad de mi vida en defenderme de un fantasma, de una idea equivocada, en un error fatal.
Y no creo que me quede otra mitad parecida para volver a salir a flote.
... ¡dense prisa, ya no me queda mucho tiempo! ...

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