Einstein estaba en lo cierto. Ha sido un siglo de idas y venidas, de discusiones y peroratas, de sesudos científicos aportando pruebas como granos de arena en una plaza, minúsculas pero eficaces, una encima de otra han ido construyendo un aparatoso edificio teórico pomposa y acertadamente llamado "Relatividad". Y así se han pasado los años, la energía y la masa íntimamente unidas y de cháchara con un primo al que todo el mundo decía conocer pero al que no se esperaba en la fiesta: el tiempo. Sí amigos, resulta que el tiempo no era un valor absoluto, no transcurría de modo aburrido y lineal (bueno, aburrido sí, pero lineal no)..., el tiempo (el Tiempo) era también relativo. Y claro, la primera aplicación práctica de este descubrimiento sin parangón fue el surgimiento de una pléyade de inventores de Máquinas del Tiempo. Máquinas que nos han permitido durante décadas realizar maravillosos viajes a épocas pretéritas y a futuros alucinantes..., pero sólo sobre el papel, viajes novelados o cinematografiados. No había máquina, no podía ser. Algo se nos escapaba entre tantas curvaturas del espacio-tiempo y tantas cuerdas y combas espaciales. Hasta hoy.
Señores, el viaje en el tiempo es posible. Está demostrado y, en breves fechas, tendremos billetes a la venta para el primero de ellos. Bien es verdad que antes habrá que procurarse otro billete para un viaje previo mucho más prosaico, un vuelo con escalas hasta Samoa.
Porque el 30 de diciembre, a las doce de la noche (12 p.m. para los enteradillos), Samoa entero, sus ciudades, playas, palmeras y, claro está, sus samoanos todos, dará un salto temporal sin precedentes para instalarse como por arte de magia en... el día 1 de enero de 2012. Como lo oyen. Parece ser que, por motivos comerciales, les conviene ponerse a la par con sus vecinos australianos y neozelandeses (a lo que se ve viven ayer), ya que cuando estos últimos inician una nueva semana de trabajo y dineritos ellos (los samoanos) están todavía sufriendo esas espantosas tardes de domingo en las que no hay nada que hacer, salvo seguir el partido del Madrid, y claro, eso en Samoa como que no.
También parece ser que las agencias de viajes se han opuesto en redondo a semejante ocurrencia dado que llevan años vendiendo a Samoa como el último lugar del planeta donde se pone el Sol, y ahora va a resultar que no, que se pone como en todas partes, y así no hay manera de que un mísero turista quiera alejarse por aquel lugar perdido de la mano de Dios.
Así que doblemente demostrado, el tiempo es relativo y te puedes mover por él a tu antojo, y la máquina también lo es, para unos será un éxito y para otros el desastre nuclear.
Ya ven, H.G. Wells tenía razón. Habrá que revisitarlo.

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