En septiembre de 1.975, con 17 años por cumplir, amanecí en Madrid, capital de la todavía España de Franco, con el objetivo -o excusa- de empezar la carrera de Medicina (que allí se quedó).
Es fácil mirar el pasado y analizar, y definir, las épocas que nos han ido tocando vivir, y explicar tal o cual cosa, aquello que pensábamos o cualquier otra ocurrencia que hubiésemos podido tener. Pero la vida no funciona así, es todo para adelante, nunca sabes nada de lo que viene. Y no lo sabes, al menos con diecisiete años no.
Así que empiezas a fumar, a beber, a salir un poco a lo loco (tan a lo loco como puedes saberlo hacer) y, piensas con audacia, a "probarlo todo". Y mucha gente lo prueba "todo".
Y en mi época, y con mis años, el "todo" eran principalmente las drogas. Claro, empezabas con los porros: hachís, griffa, Celtas Cortos (los auténticos, los de las estacas de punta a punta del pitillo). Otros se daban al alcohol (todos lo hacíamos) pero en plan industrial. Tenía un compañero de residencia que desayunaba ginebra. Lo de las mujeres era un quiero y no puedo para todos, igual que ahora, supongo.
Pero lo que no sabíamos era que las drogas eran un partido con dos mitades y la segunda, con o sin descanso previo, llevaba a un pozo sin salida. Yo conocí a algunos jugadores de segundo tiempo y todos perdieron el partido. Y se fueron.
También se fueron algunos a lo tonto, con estúpidos accidentes de tráfico. No me refiero a los famosos: Nino Bravo, Cecilia, ..., más tarde Tino Casal, Juan Camacho y otros ..., no, hablo de anónimos vecinos de cuarto o del pasillo de arriba, que, en las idas y venidas de vacaciones ... dejaron de venir.
El caso es que, por unas causas o por otras, muchos se fueron y nosotros nos quedamos. Y a veces -sólo a veces- siento como que me pesa cierta culpa, siento si no tendremos alguna responsabilidad hacia ellos por seguir aquí, si no tendríamos que ser un poco mejores para compensar tanta ausencia insensata.
Esas son mis memorias ..., y hay días que, sin saber por qué, me pesan.

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