Una lista interminable, a eso se asemeja la vida. Ya antes de nacer nos incluyen en varias. La primera breve: ¿será niño o niña? La siguiente infinita: ¿qué nombre le ponemos a la criatura? Aquí la lista se eterniza por una doble vía: la enorme variedad de nombres de nuestro santoral (y no tan santoral) y por la también enorme variedad de familiares y amigos aconsejando la perfecta denominación (que habitualmente coincide con la propia).
Después entras en otras listas: la de vacunas (considerable), la de colegios a los que optar (no tan…), la de actividades extraescolares que, en muchos casos, sirven principalmente para el alterne de padres y madres…, la de “Progresa adecuadamente” o los temidos “Puede mejorar” de los primeros boletines de notas (los PA y los PM son cosas de la modernidad, a mí me ponían directamente Ceros patateros y algún que otro Cinco…, listas.
Más tarde llegan las listas de amigos (y amigas) de tu pandilla: tú sí, tú no…, las de fiestas y sábados noches a los que sobrevivir, las de besos robados o besos imaginados, las de los auténticos (los menos), las de los rincones oscuros…, listas y listas. Listas de peleas y desengaños, de verdades, de mentiras…, de decepciones…, de años, de temores, de tanatorios…, de muertos. En fin, las listas de la vida, que son muchas.
Pero, para mí, ninguna como la lista pública y publicada de las notas del último examen del último curso de tu última carrera. Para mí fue en un septiembre de 1.985, una lista de 15 nombres (15 entre 300)…, y mi nombre estuvo allí. Y lo que más recuerdo es la sensación cierta de que era la última vez, que nunca más estaría en una lista como esa, que, ¡por fin!, todo había acabado. Y había acabado. Jamás he vuelto a pasar por aquello…, me he cuidado mucho de hacerlo.
Así que toda mi compresión y todo mi apoyo a los pobres estudiantes de hoy en día. Porque por más frases razonables y más consejos que queramos darles, la única verdad es que ante es lista (pública y publicada) ellos van a estar solos.
Va por vosotros…, y por este maldito mes de junio que tanto iguala a las personas en esa edad en que se busca un agujero por el que colarse en la vida adulta.

No conozco un estado de más desasosiego que el que se padece ante un examen final o de oposición. Mi solidaridad con todos los estudiantes y decirles que hay pocas cosas peores, excluyendo las grandes cuestiones como la salud, la muerte, y el enamoramiento no correspondido.
ResponderEliminar¿Tienen problemas los colaboradores-lectores de este blog para comunicarse en esta nueva sede?
Ciertamente, los tenemos (o al menos yo, que llevo toda la mañana intentando dejar un comentario a "Mi plantilla") Igual solamente es exceso de tráfico, pero ya me extraña; el caso es que no hay manera de incluir unas líneas, aunque lo mismo luego salen todos los intentos cual ristra de chorizos de Cantimpalos...
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